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Psicología del chisme

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Por Gonzalo “chalo” de la Torre

Ay vecinita, fíjese que su comadre Plutarca, anda hablando mal de usté por detrás.
¡Ah! ¿ y se le entiende? gracias por decírmelo que ya veré a esa pinche  vieja y sabrá quién es su comadre.¿ Pos qué se cree?

Esta es quizá, la forma más común del inicio de un chisme en nuestro país. El chisme puede ser considerado el deporte nacional ya que cuenta con más practicantes que la charrería o el fútbol y con mucho sobrepasa a los aficionados a los deportes mencionados. 

Veamos como define el tumbaburros ( diccionario ), al chisme; dice: Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna. Entonces podemos entender que la finalidad de iniciar y propagar un chisme es  claramente la de molestar y causar problemas de mayor o menor dimensión.

Es muy sencillo practicar este deporte. No hay que cubrir grandes requisitos como en los empleos; no se necesita experiencia, no hay mínimo o máximo de edad, ni importa de qué sexo sea el practicante ni existe límite de cupo; todos podemos ser chismosos. Es suficiente con tener una víctima y un motivo, real o imaginario, para desarrollar un rumor que genere un resultado esperado que vaya en perjuicio de la persona o personas a quienes deseamos causar trastornos.

Pero, ¿qué motiva a chismear? , Puede haber miles de razones para iniciar rumores tendenciosos, pero tal vez los motivos más frecuentes sean la envidia y la venganza.

¿Ya viste qué carrazo y qué viejota lleva ese pendejo? No, pos no cabe duda que Dios ayuda a los pendejos; yo trabaje y trabaje y con muchos estudios y no salgo de perico perro y este güey siempre teniendo bueno. Yo creo que vende polvos o algo parecido, porque ,¿así nomás tiene tanto? El otro día me platicaron que lo vieron con unos señores que dicen que se dedican a eso y a lo mejor ya anda haciendo negocios con ellos o ve tú a saber. Aquí ya afloró la envidia de no tener lo que otros y nuestra naturaleza humana se resiste a aceptar los méritos que otras personas puedan tener al ser más listas o con mejor suerte que nosotros.

En los empleos, ya sea privados o de servicio público, es más frecuente de lo que se cree, la utilización de rumores o chismes, para evitar que algún “amigo” o compañero destaque y obtenga puestos de mejor “status” o ingresos económicos. Si el compañero ha sobresalido por diversas cualidades y es un prospecto a obtener ascensos, es el momento de hacer labor en su contra, pues si se consigue el deseo de causar desprestigio al aspirante, las posibilidades de otras personas se incrementan al ir quitando de en medio a los rivales más poderosos. No importa tanto si consigo o no el puesto, lo importante es que no lo obtenga “él” pues me cae muy mal.

La venganza es probablemente el mayor causal en el invento de los chismes. Cualquier desaire o malentendido es suficiente para inventar argumentos chismosos encaminados a satisfacer mi vanidad que se vió afectada, justa o injustamente, pero que produce el placer de ese pequeño o gran poder de causar daño.

Es un proceso mediático con miles de recursos y una propagación como onda expansiva de bomba de un chingo de kilotones. Se desplaza a velocidad incontrolable y sus efectos pueden ser irreversibles. Los chismes, ciertos o no, de todas formas causan daño. Dijo un filósofo moderno, de quien desconozco su nombre y fisonomía, que entre más conoce a sus amigos, más estima a sus enemigos, pues de éstos ya sabe qué esperar; pero de los amigos pueden surgir, como de caja de Pandora, situaciones incómodas y hasta dañiñas.


Pero ¡qué caray¡, si nunca vamos a acabar con el chisme, vamos entrándole alegremente, cuidándonos de otros chismosos y, como comercial de bebidas alcohólicas; nada con exceso, todo con medida. O sea podemos decir: hay que ser puercos, pero no tan trompudos.

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