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Señales de vida

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Por Gonzalo “Chalo” de la Torre
chalo2008jalos@hotmail.com

Un ebrio va conduciendo su automóvil por una autopista de este hermoso país y es detectado por un agente de la Policía Federal de Caminos, quien de inmediato le da la indicación que se detenga.

Le dice al conductor que no le infraccionará, pero que estacione su auto en un lugar seguro y duerma “la mona”, para que recupere su lucidez y pueda manejar con seguridad. Pero el borracho le dice al policía que él va muy bien y que no se siente para nada borracho.

Ante esta respuesta el agente vial le pregunta: A ver, dígame que dice ese letrero que está al frente. Ni tardo ni perezoso el briago le responde;  ¡Cajeta de cabra a 500 pesos!

Molesto el agente le espeta: cuál cajeta ni qué cajeta; caseta de cobro a 500 metros. Deme su licencia.
Otro agente detiene a otro briago y sostienen este diálogo:

- ¡ Le voy a hacer la prueba del alcoholímetro!

- No puedo jefe; tengo asma y me hace daño.

- Entonces le voy a practicar un examen de alcoholemia!

- Tampoco puedo jefe; soy hemofílico y mi sangre no coagula.

-¡ Entonces camine recto sobre esta línea blanca!

- Tampoco puedo jefe..

- ¡Bah! ¿y ahora porqué no puede?

-¿Pos no ve que ando bien pedo, jefe?

He escuchado en infinidad de ocasiones, a muchos conductores que afirman categóricamente que alcoholizados manejan mejor. ¡Patrañas! A muchos que hicieron esa afirmación ya no los puedo escuchar y no se debe a que yo esté sordo; es que ya están muertos.

Comprobadísimo está que el alcohol hace lentos los movimientos y disminuye los reflejos, pero enerva el espíritu y eso nos vuelve temerarios y no medimos correctamente el peligro. Si se conduce un auto bajo los efectos del alcohol, el resultado más probable será un accidente de serias consecuencias y con frecuencia, fatales.

Si desea tomar, no le dé pena y atrévase a solicitar a un amigo que sea su conductor designado y podrá divertirse sin riesgos para usted o para otras personas. No tenemos derecho de poner en peligro vidas ajenas por el gusto de beber.

¿Cuál es la prisa, Acelerino? Así decía un personaje de Los Polivoces para controlar un poco a su amigo que todo lo quería hacer con prisas. Un gran porcentaje de los accidentes viales ocurren por las puras prisas. El exceso de velocidad es uno de los mayores riesgos para todos en las calles y carreteras. ¿Cuántos accidentes han ocurrido por rebasar apresurados y sin precaución? Esta acción es una de las principales causas de muertes en nuestro país y siempre hay víctimas inocentes, pero que perecen por la imprudencia más que irresponsable de conductores apresurados.

¿Qué nos impulsa o motiva a pisar el acelerador y querer llegar pronto a cualquier destino aunque tengamos tiempo de sobra? No tengo la respuesta pero sí la sugerencia de que maneje a velocidades moderadas y podrá tener un viaje placentero y seguro.

¿Por qué no hacemos caso cuando nos indican con insistencia que respetemos las señales de tránsito? ¡esas son las señales de vida! Todo el señalamiento y balizamiento de las carreteras y calles, no están ahí por capricho de algún político o por alguna ocurrencia de algún policía para levantar infracciones; ni las líneas las pintan para que la carretera se vea bonita. ¡NO!

Todas esas señales están hechas para nuestra seguridad y nuestra comodidad en base a estudios científicos muy concienzudos. Cada una de las señales cumple una función muy importante y no son señales para reprimir los derechos ni restringir las ansias de correr. La primera obligación que tenemos y nuestra mayor garantía de seguridad al conducir, es que respetemos las indicaciones.

Una indicación que es ignorada con frecuencia es la que nos dice que no manejemos cansados. Algo nos hace sentirnos cómodos y aunque sentimos cansancio, creemos que podemos aguantar otro ratito. Pero no es así y lo recomendable es detenerse y descansar un rato, despabilarse y luego seguir su camino.

Muchísimos conductores al iniciar un viaje, nos encomendamos a Dios para que nos proteja durante el viaje. Sí nos cuida, pero la mayor responsabilidad no reside en Dios sino en el conductor. Ayudémosle a que nos proteja manejando con precaución.

La mayoría de los accidentes son evitables. No eche en saco roto estas sugerencias y que tenga Buen Viaje.

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