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Sospechosos

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¿Cuánto das por la candidatura?

 Tener 10 partidos, ¿es mucho o poco en una democracia?

Tener a 27 candidatos en las calles, ¿son muchos o son pocos?

Si hay partidos nuevos con caras viejas, ¿es bueno o malo?

Si hay caras nuevas en partidos nuevos, ¿es bueno o es malo?

Ese tipo de preguntas nos hacemos durante estas y las otras campañas.

 La ventaja de tener a tanta gente en contienda redunda en que tenemos opciones para criticar, para conocer, para aceptar, para rechazar, para ignorar o para apropiarse de sus propuestas.

 Ahora que ya comenzaron las campañas y que están presumiendo todos los candidatos sus grandes bondades, sus dotes, sus trayectorias, su pureza. Llama la atención la forma en que algunos funcionarios o burócratas se disfrazan para las contiendas.

 Hay algunos candidatos que buscan salir hasta en las tortillas (literal). Otros, de manera sospechosa, como los del partido color turquesa, han optado por disimular, camuflarse o evitar cualquier contacto físico con el electorado.

 Y es ahí donde se levantan algunas sospechas. 
Si lo que un candidato busca –se supone- es que le conozca la gran mayoría de las personas. Si lo que una campaña electoral se propone es exponer al candidato ante el pueblo, ¿entonces por qué, sospechosamente, hay aspirantes que no quieren ni aparecer en los medios de comunicación?

 ¿Son candidatos por compromiso?, ¿Se ven obligados a cubrir la cuota ante sus gremios?, ¿Ni ellos creen en las propuestas de sus partidos?, ¿Les representa algún tipo de negocio o ingreso extra por prestar su nombre? O ¿en realidad no les alcanza ni el tiempo, ni la estructura ni el dinero para planear, proyectar y ejecutar una campaña electoral? 

 Sólo quienes participan en esos juegos conocen las respuestas.

Los que sólo escribimos, los que no nos involucramos en procesos electorales, sólo tenemos dudas. Lamentablemente quienes aspiran a sacrificarse por nosotros, entregando su alma (espero que no el cuerpo) a las faenas político-electorales no han desarrollado las habilidades suficientes para entregar las respuestas atinadas a tantas dudas que generan sus partidos políticos.

 Hay gente que aparecerá en la boleta electoral sobre un emblema partidista. Tal vez esa sea la única oportunidad que tengan para pasar a la historia política de su pueblo.

Ante ese panorama, ¿valdrá la pena mantener a tanto partido político?, el pueblo tiene la respuesta, pero los políticos tienen el poder, y ellos tienen, por lo mismo, el poder ordenar las respuestas.

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