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Un lechero y una concha, la tarifa

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Ser reportero es difícil. Y mal pagado. El reportero tiene que buscar la nota donde la encuentre, porque las páginas de los periódicos y los noticieros no se llenan con pretextos. De ahí una costumbre muy rara que hay en Veracruz (hay muchas cosas que sólo se pueden ver en Veracruz).

Antes se usaba que los reporteros se daban una vuelta por el café para ver si encontraban ahí a algún político o personaje importante a quien entrevistar. Hoy es al revés, los políticos van al café para ver si hay ahí algún reportero, o varios, para que los entrevisten y les publiquen lo que tienen que decir sin que les cueste, les invitan un lechero (un café con leche) y una concha, y se ahorran así lo que deberían de pagar por publicidad.

A propósito de políticos y personajes importantes, en una ocasión acompañé al delegado de Seguridad Pública en el sur del Estado, Alfonso Lara Montero -quien me tenía mucha confianza y gran consideración- a realizar la captura de unos robavacas en la zona rural del municipio de Sayula de Alemán. Era el Delegado un hombre que se cuidaba mucho, quizás porque tenía fama de ser cruel con los detenidos, que se sentían agraviados y preveía éste una posible venganza; se trasladaba manejando él mismo una camioneta-patrulla con varios policías en la batea, y adelante de la suya iban otras dos camionetas, y dos más atrás de él, atestadas de policías todas. Era el único al que respetaba (o le tenía miedo) el cacique Cirilo Vázquez Lagunes.

Por eso en el camino le pregunté:  Oiga don Alfonso, ¿y esas personas a las que va a detener son importantes? Y su respuesta fue: “Todos los bandidos son importantes Gustavo, ya lo irás aprendiendo”.  Era yo joven aún, hace más de 30 años de eso que ahora le cuento. Y sí…

Y esa gente importante, esos bandidos (porque la mayoría son políticos) son los que ahora van al café en busca de los reporteros, para hacer declaraciones y que salir en los periódicos o en los noticieros les cueste muy poco, sólo un lechero y una concha.

Aquí le puedo llamar así a esa tarifa de publicidad, “un lechero y una concha”, en otros países, como Argentina, no podría, porque allá la concha es otra cosa... La primera vez que vinieron a México (a Xalapa) los suegros de mi hijo, César y Estela, quienes viven en la Córdoba argentina, fuimos a cenar a un restaurant de Avila Camacho, y a Estela casi le da un infarto cuando le pedí que me acercara el canastito con el único pan dulce que quedaba, “Estela no sea malita, arrímeme la conchita” le dije. ¡Uf!, peló tremendos ojos y se nos quedaba mirando alternativamente a mi esposa y a mí, ¡cómo me atrevía yo a pedirle eso!, y en presencia de su marido y de mi esposa… Ya se imaginará el lector lo que es la concha en Argentina. Después me lo explicó y me botaba al suelo de la risa.

Bueno pues esa es la tarifa que pagan ahora los políticos que van al café en busca de los reporteros para que se les publiquen sus notas, cosa que, aclaro, sólo he visto en Veracruz. Como tantas otra cosas que sólo pasan en Veracruz, donde se protesta bailando encuerados, o encueradas; donde ocho o diez personas se atraviesan en la calle Enríquez, frente al palacio de Gobierno, impiden el paso de los vehículos y desquician el tráfico en toda la ciudad capital, mientras otros juegan futbol sobre el asfalto; donde llegan a Xalapa a protestar desde Orizaba y desde el norte del Estado colonos exigiendo que les den viviendas, como si éste o cualquier gobierno de cualquier país del mundo tuviera obligación de darles casas a sus habitantes. Solo Veracruz es bello…

Claro que gastar sólo en un lechero y una concha tiene sus riesgos, pues dicho gasto, por menor precisamente, no garantiza que las declaraciones del político mañoso y codo se van a publicar. Cualquiera puede llegar al café y decir ante la prensa que el presidente municipal de su pueblo lo quiere matar, pero el editor del medio tiene sopesar la posible veracidad o la mentira, de manera que muchas cosas cuya fuente es el café no se publican.


Pero es ya una costumbre, en Xalapa y en el Puerto de Veracruz, en el café se encuentran el declarante y el reportero, todos los días, y siempre en torno a un lechero y una concha, la tarifa. 

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