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Con cara de enojado

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

No cuenta el joven Ricardo Cué: “Fiestas y amigos siempre sobran, pero entregarle una semana a Dios para servir a otra gente, creánme, si lo hacen no se van a arrepentir. La primera vez que fui de misión casi me obligó mi papá; yo iba con cara de enojado y aburrido… Pero al salir a misionar casa por casa, me di cuenta de tantas cosas que nunca pensé que me hicieran cambiar de parecer. Me tocó dar una plática a los jóvenes. Estaba asustado, ¿qué les iba a decir? Pero el sacerdote que nos acompañó me dijo “encomiéndate a Dios” y me dio un libro, Manual del misionero. Me preparé como pude. Comencé a hablar, pasaban los minutos y cuando me di cuenta ya había pasado una hora; entonces puse a los muchachos a compartir entre ellos y se fueron felices. Allí te das cuenta que no eres tú el que habla sino Dios a través de ti”.

Cada Semana Santa, muchos jóvenes de ambos sexos salen a misionar en lugares lejanos o cercano, llevando a las familias palabras de esperanza y de consuelo. Cuando están de regreso con su familia se sienten muy felices porque gracias a Dios pudieron hacer mucho bien y les queda el propósito de volver al siguiente año en nuevas ilusiones y nuevos proyectos.

Ojalá que cada vez crezca más y más el número de discípulos misioneros.

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