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Ingobierno, el tiempo de la transición

No hay lugar más solitario en el municipio que el despacho del alcalde.

Eso me dijo un expresidente municipal, no hace mucho tiempo, cuando le pregunté qué se siente ser “primer edil”. A esa oficina todos llegamos a pedir algo. “Nadie llega a aportar nada; esa es la misión de ese escritorio, dar, atender, recibir quejas y entregar soluciones u ofrecer los oídos”.

Jorge Eduardo González Arana estuvo a nada de ser regidor. Ganó por apenas unos 900 votos y, así llegó al poder, así fue Alcalde. No la tuvo fácil, él no quiso ponerla fácil, optó por aguantar las traiciones, por seguir el ritmo de otros. La ha pagado cara.

Estamos a tres meses de que el gobierno cambie y, pareciera, serán los más difíciles y largos para él, pues ya muchos desean que esto acabe.

Por ello, alguien de su equipo cercano, alguno de sus amigos más cercanos debería decirle al alcalde de Tepatitlán que el gobierno es algo impersonal, que es pasajero y que le toca responder a los ciudadanos hasta el último minuto del 30 de septiembre próximo.

Lamentablemente no veo a ningún amigo del presidente, no le veo a nadie cercano con la intención de ayudarle. No lo he visto en los tres años.

Si Jorge hubiere tenido un amigo cercano, le habría acompañado en las decisiones de atender a la gente, le habría aconsejado escuchar otras voces, ajenas a la comisaría policíaca sobre la seguridad. Tal vez le habría convencido de hacer cambios en el gabinete cuando comenzaron a hablar mal de él y no hubiera esperado a perder quienes se dijeron sus aliados.

Tengo la impresión que Jorge no se dio cuenta –no se ha dado cuenta- que está rodeado de intereses ajenos al suyo. Que la gran mayoría de los excandidatos panistas estaban en otras prioridades, pero no en las del alcalde.

Si algún amigo cercano tuvo el presidente, debió decirle que la política es muy traicionera, que es utilitaria, que “eres” mientras “estás” y que, al terminar el plazo, ya no “eres”.

Tras las elecciones y la derrota, viene el cambio de estafeta. Unos ya quisieran irse y otros ya quisieran entrar. En medio está la gente, el pueblo, con las mismas exigencias, pero con el tiempo en contra.

Las manifestaciones de esta semana frente a Palacio son muestra de lo que la gente piensa. Sea o no culpa de Jorge, el alcalde debió atender a esas voces con otra actitud, debió dejar que hablara “su equipo”. Se puso al frente de todo su Ayuntamiento y respondió por ellos, aunque, estimo, le han dejado solo.

Me gustaría saber si Jorge Eduardo tiene algún amigo en el Ayuntamiento. Si lo tiene, me gustaría que le dijera al alcalde que el encargo es impersonal, que no es eterno y que ese salón está lleno de soledad…

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