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En familia

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No ha soltado ningún nombre el médico Hugo Bravo de los que lo acompañarán como presidente municipal de Tepatitlán a partir del próximo octubre; es una incógnita, pero muchos temen que volvamos a ver a algunas familias ya conocidas controlando la presidencia y el partido a partir de unas semanas más, familias que pensábamos que ya estaban desterradas de la política local y que ahora volverán no por el PRI o por el PAN, sino bajo otros colores.

No deberíamos aterrarnos tanto por la llegada de dichas familias. Es imposible que Hugo Bravo traiga a la presidencia a puras caras nuevas y sin haber ostentado nunca o cargo público o partidista; hay que ver quiénes apoyaron a Hugo en la campaña, quiénes están desde hace tres años en Movimiento Ciudadano de Tepa picando piedra desde entonces y entonces nos daremos una idea de la gente que vamos a ver en el ayuntamiento.

La verdad es que la gente que está en los partidos y que luego se mete de lleno en una campaña, nos guste o no, merece estar en algún puesto, pues para eso trabajaron. No es fácil dejar de ver a la familia durante casi dos meses, estar con ella solo por las noches, mal comer, caminar durante horas, aguantar descalificaciones y “guerra sucia” de otros partidos, candidatos y sus simpatizantes, para luego no esperar nada a cambio si se gana la elección, es ilógico.

Habrá quienes dicen que ellos sólo están ahí, en la campaña, por apoyar a su amigo o al partido, pero no esperan nada a cambio, pues tienen un trabajo bien remunerado que no les hace desear un efímero cargo público con buena paga. Dichosos ellos, pero la mayoría está en su búsqueda legítima de prosperar y sacar adelante a su familia, ya sea trabajando para una empresa privada o pública, como es el caso de un ayuntamiento.

Acá el punto no es si vuelven al poder gente como Veva Venegas, el tortas, Enrique Vargas, Sanjuana, Quico y otros más, pues si la ley no se los impide, pueden estar en el servicio público sin ningún problema; problema será si no desempeñan bien su cargo, pero para esto y de acuerdo con el alcalde electo, habrá contratos de tres meses y el que no funcione en ese tiempo, se va, además de que en otros municipios gobernados por el partido naranja se ha implantado la famosa revocación de mandato, entonces en teoría habrá mecanismos para evitar que malos funcionarios echen raíces en el aparato del ayuntamiento.

Y si no, pues tengan la seguridad de que habrá señalamientos por parte de la sociedad y la prensa local.

Las familias de siempre, los nombres conocidos, no son nada nuevo en los partidos y siempre estarán ahí. Ni Movimiento Ciudadano se salva de eso; no hay partido perfecto y más vale no idealizarlos.
Para no ir tan lejos, mientras Enrique Alfaro se lanzó de candidato por Guadalajara, una prima suya se lanzó por el distrito 10 local, que por cierto perdió contra Pedro Kumamoto, el candidato “independiente”.

Y hablando de Kumamoto, por ahí salió un artículo donde se explicaban sus nexos y afinidades con gente que trabaja, principalmente en el gobierno del estado y el ayuntamiento de Zapopan y que laboró intensamente por su candidatura, además de su formación en el ITESO, universidad que junto con la UdeG, también gustan de poner candidatos en Jalisco.

Por otra parte es imposible presentar un grupo de trabajo sin ninguna experiencia o lazos en cargos públicos, y además de imposible, es poco recomendable tener en el ayuntamiento a gente que nada sabe del servicio público.

Es como hacer un equipo de fútbol de primera división con jugadores que nunca han participado en este deporte de forma profesional; perderían por goleada contra todos las demás escuadras, incluso contra los sayos de la UdeG (aunque ya descendieron).

Es cierto que todos sabemos cómo se juega el fútbol o todos sabemos cómo mandar, gestionar y lograr acuerdos en un gobierno, pero no es lo mismo saber que hacerlo o tener experiencia. Entonces, en un ayuntamiento, como en cualquier equipo profesional, es necesario tener gente ya curtida para estos menesteres, que enseñen y pongan el ejemplo a los nuevos.

Cayeron los primeros referentes

En octubre del año pasado criticamos el hecho de que un grupo de gente que no sabía nada sobre árboles, hubiera recomendado dejar vivos los eucaliptos que quedaban de La Alameda, argumentando tontamente que eran “referentes de los habitantes de nuestra ciudad y mudos testigos de acontecimientos históricos de Tepatitlán”.

En base a esto, las autoridades decidieron no talar los árboles gigantes y sólo hacerles podas laterales a algunos de ellos.

Ahí mismo cuestionamos que qué pasaría si esos “referentes de nuestra ciudad” se caían y mataban o herían a alguien o causaban daños en propiedad privada.

Pues ocho meses y con apenas las primeras lluvias del temporal, cuatro de esos referentes sagrados ya se cayeron y aunque no dañaron cosas privadas ni personas, sí destruyeron parte de la recién remodelada Alameda.

¿Quién va a pagar esos daños? Los dizque expertos que opinaron el año pasado que no tiraran los árboles, obvio que no pagarán, no están obligados, puesto que sólo dijeron lo que pensaban y no ejercieron ni mandaron nada. Pagará el ayuntamiento, o sea el pueblo, las ocurrencias de un grupo de gente sin quehacer, pero que alguna mente brillante se le ocurrió consultarla el año pasado para ver qué hacer con los eucaliptos.

Y todo por darle gusto a unos cuantos que pusieron el grito en el cielo ante la posibilidad de que los eucaliptos fueran cortados, nunca pensando en el peligro que representaban y representan.

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