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Hagamos penitencia

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

El emperador romano Teodosio el Grande, en el año 390, llevado por la ira, mandó matar a casi cinco mil hombres de la ciudad de Tesalónica. A su paso por Milán, quiso entrar a la catedral, pero el obispo San Ambrosio le reclamó: “Emperador, ¿Cómo pretendes entrar a este recinto santo, si tus manos chorrean sangre e injusticia? Vete de aquí”. 

Teodosio se quiso justificar citando al Rey David, que también había cometido graves pecados. San Ambrosio le replicó: “Si has imitado a David en el pecado, imítale también en la penitencia y en  la santidad”. El emperador aceptó hacer penitencia pública, para poder ingresar al templo. De ese modo, San Ambrosio recobró al emperador Teodosio para la comunidad.

Así como el emperador Teodosio aceptó humildemente la recomendación de San Ambrosio de hacer penitencia, así cada uno de nosotros deberíamos tomar muy en serio dicha recomendación, porque nadie podemos sentirnos limpios de culpa.

Basta recordar el pasaje evangélico en el que Jesucristo nos dice “El que se considere limpio de pecado, que arroje la primera piedra”, pues le habían presentado una mujer que cometió un pecado de adulterio y querían matarlas a pedradas. Todo hagamos penitencia.

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