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¿Fueron ejemplo o ejemplares?

 ¿Por qué hemos de hacer lo que dicen los funcionarios?

¿Por qué dicen que limpian, pintan o barren lugares públicos en fin de semana como voluntarios si es por lo que se les paga para que lo hagan entre semana?

 ¿Por qué nos quieren convencer con esa estrategia de que quieren seguir en el gobierno?

 Esas fueron algunas de tantas dudas que siempre manifesté cuando, como una de tantas ocurrencias, echaron a andar el infame programa “Como funcionario yo pongo el ejemplo”. Programa que no funcionó, que no sirvió y que sólo derramó dinero bueno en lo malo.

 Comenzaron las campañas internas del partido en el poder y se olvidaron del programa, de poner el ejemplo y de funcionar.

 Mandaron hacer algunas señales y las colocaron en la vía pública.

 Obligaron a los empleados a hacer trabajo voluntario, en sábado o en domingo.

 Hicieron alianzas con sacerdotes en colonias populosas y se olvidaron de lo básico: atender a la gente.

 A punta de impresos e imágenes, hubo quién quiso hacer campaña electorera, dizque para irle abriendo camino a Norberto rumbo a la presidencia.

 Ni abrieron camino, ni hicieron campaña y no hicieron a Norberto presidente.

 Lo que ocurrió con esa campaña disfrazada de acción ciudadana debe servir de ejemplo a quienes se inician en eso de la política.

 Hoy en día, con las llamadas redes sociales, las trayectorias políticas son perecederas. Ya no hay figuras perenes. Se acabaron los omnipotentes funcionarios. Basta con que algún “ciudadano” haga su página en redes sociales, suba una foto ficticia, se ponga un seudónimo y lance el estiércol que le parezca y, ¡listo!, se acabó la trayectoria. Sea político, profesionista, empresario, sacerdote, periodista, comerciante o una simple jovencita que se la vive en el antro. Todo se acaba con los comentarios de los usuarios de las redes.

 Eso le pasó a ese fallido programa electorero oficialista del “Funcionario ejemplar”. Ni funcionaron, ni fueron ejemplares. Salió el tiro por la culata.

 Las fotos en las redes dan fama, mucha fama. Pero la fama es efímera, igual que los temas que se suben a las redes. Uno, dos, tres días, una semana máximo.  Luego viene otro tema, otro mártir, otro verdugo. Y así sucesivamente. 

 Los funcionarios que pretendan pasar a la historia, que se dediquen a hacer lo más básico en la sociedad: ser ciudadanos. 

 Cuando los funcionarios –al margen de su “ideología” o su color- entiendan que van de paso, que están ahí para servir, para atender, para resolver los temas de los demás; entonces serán valorados como “buenos funcionarios”, como “ejemplares burócratas”.

 Si no se atiende a la gente, si no se le resuelven sus temas a los ciudadanos, en vano serán las fotos, las campañas, los “posteos”, los boletines oficialistas.
 Los funcionarios deben funcionar. Si no, dejarán de ser funcionarios, por disfuncionales.

 ¿Quieren ejemplos?

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