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La letras chiquitas

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Por Gonzalo ”Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

Una de mis hermanas, que vive en la ciudad de León, Guanajuato, me refiere que en una ocasión alguien llamó a su puerta y al abrir encontró a un joven, que al verla, le dijo de inmediato en un tono entre sorprendido y desilusionado: ¡ay señora a usted no!

Coquis, que así llamamos cariñosamente a mi filial pariente, aún más sorprendida que el joven e intrigada sin saber de qué se trataba, preguntó a su vez: ¿a mí no qué?

Ya apenado el joven, le repitió la frase; no señora, a usted no puedo. Espero me disculpe haberle quitado su tiempo.

Y mi hermanita, y digo hermanita porque ella es de baja estatura y de complexión muy delgada, que se parece a mí, pero versión bonita, aún más intrigada volvió a preguntar: ¿a mí no qué?

Y el joven respondió a la pregunta diciendo: es que yo vendo programas y sistemas para bajar de peso y usted no podría ser mi cliente.

He ahí el por qué de su desilusión.

A veces las personas asumimos la actitud de restar importancia a las cosas o personas de tamaño reducido y las ignoramos tal vez intencionalmente o en ocasiones ni las percibimos, pero nos conviene poner más atención en especial a las llamadas “letras chiquitas”.

Tanto en las novelas escritas, como en el cine, teatro y otros medios, es un tema recurrente el engaño o los malentendidos causados por la falta de lectura de esas “letras chiquitas”.

En muchísimas ocasiones, la letra es chiquita en forma intencional, precisamente para evitar que sean leídas y así provocar, al menos, una desinformación para proteger los intereses de alguien.

Veamos: cuando firmamos contratos de cualquier naturaleza, ya sea comercial, de servicios financieros, laborales o de otro tipo, generalmente nunca leemos el contrato y mucho menos las cláusulas. Casi siempre firmamos de buena fe, creyendo en la total honestidad de quien nos da a firmar los documentos correspondientes.

Desafortunadamente el precio de esa costumbre de no leer todo, suele ser desagradable pues afecta nuestro bolsillo, nuestra tranquilidad y afecta nuestra confianza y autoestima. Es degradante sentirse engañado o abusado de la buena fe. Incluso llega a causar fuertes depresiones  que llegan a provocar más consecuencias desastrosas, como pleitos, ya sea a golpes o de tipo legal.

Cuando en su estado de cuenta de cualquier servicio financiero le llegan cobros inesperados,  luego de la sorpresa, viene la indignación, pues al querer aclarar la situación, uno va confiado que se trata de un error que será subsanado pero, le muestran que en el contrato se especifica tal o cual cláusula, que obviamente no le favorece a uno y sí a la empresa contratante. Nada que hacer sino una rabieta y un desembolso obligado.

Por supuesto que en su momento, cuando le vendieron esos objetos o servicios, nunca le dieron toda la información acerca de los mismos, pues pudiese provocar la negativa de la compra por parte suya, de manera que solo le platican lo bonito.

Pasando a otros  artículos no tan caros pero que los consumimos casi a diario, rarísima vez leemos el contenido nutrimental o los ingredientes de muchos alimentos. Solo como ejemplo mencionaré los embutidos llamados de pavo como el jamón y las salchichas. ¿Ha leído alguna vez la lista de ingredientes? En la gran mayoría dirá que contiene carne de ave, pero no especifica que sea de pavo. Dada la inmensa variedad de especies de aves, la carne bien puede ser de gallina vieja y correlona, que por esta región abunda, o de águila o de chichicuilote o de zopilote o vaya usted a saber.

En los productos llamados suplementos o complementos alimenticios, que mucha gente cree erróneamente que son medicamentos naturales, dice que no son medicamentos y que su uso o consumo es responsabilidad de quien lo compra o lo consume. Palabras más, palabras menos, sí lo especifica, pero en letras tan chicas, que casi nadie las lee y está liberando de responsabilidad al fabricante, en caso que los resultados no sean los que esperaba.

Aunque parezca broma o exageración, es una realidad que en una gran cantidad de productos y servicios, no puede leer esa información ni con lentes o lupa de tan chiquitas las letras.

Protéjase tomando su tiempo para leer lo que se firma y evite situaciones desagradables, pues ante la firma propia no hay defensa. Desafortunadamente sí hay vendedores que le medio informan lo que a ellos les conviene, no lo que le conviene a usted.

Hasta pronto y que sea de buen provecho. Muchas gracias por el enorme favor de su atención.

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