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Nos falta más generosidad

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Cuenta el poeta hindú Tagore la historia de un mendigo que decía: “Iba yo pidiendo, de puerta en puerta por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Y yo me preguntaba, maravillado, quién sería aquel Rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo. La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin. Y de pronto tú me tendiste tu diestra diciéndome: “¿Puedes darme alguna cosa?”.

¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Y yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo, y te lo di. Pero qué sorpresa la mía cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para dártelo todo!

Jesús sigue llamando hoy. Nos llama no porque seamos buenos ni santos, sino porque nos ama y cuenta con nosotros. Nos llama a pesar de nuestras caídas, de nuestras mediocridades, de nuestros orgullos, de nuestra falta de oración, de nuestro escaso compromiso. Nos quejamos de la pobre vida cristiana que llevamos, del poco ejemplo que damos, de los poco comprometidos que estamos. No tengamos miedo, dejemos que la llamada del Señor resuene hoy en nuestros corazones.

Ese mendigo podemos ser cualquiera de nosotros cuando nos falta esa generosidad para dar algo a los que nos piden.

Tenemos que ser generosos y seguir el consejo de la Madre Teresa de Calcuta. Dar hasta que no duela.

Yo muchas veces he experimentado una gran alegría cuando comparto lo que tengo pero sobre todo mi tiempo y mi servicio.

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