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¡Ah! Mucho gusto

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Por Gonzalo”Chalo” de la Torre

Cuenta un comediante, que en una ocasión abordó un taxi colectivo, como esos que hay en Acapulco y cuando se subió al auto, ya llevaba tres personas, de manera que él era el cuarto pasajero. Relata el mismo más o menos así: al bajar el primero cerró la puerta con tal fuerza que molestó al taxista y éste le reclamó diciendo: Eh, zanka; cierra la puerta con decencia, no le des tan fuerte; como el carro no es tuyo…

El segundo pasajero, al descender, recordando que el conductor se molestó, cerró la puerta tan despacio, que la misma no cerró bien y quedó medio abierta; al ver esto el taxista le gritó: No sabes ni cerrar una puerta o no tienes fuerza, aliméntate compa, ya ni la amuelas.

El tercer pasajero estaba indeciso de cómo cerrar la puerta al bajar del taxi. Cuando descendió del auto de alquiler, decidió no cerrar la puerta por temor a la molestia del taxista y claro, el mismo le espetó: seguro va a venir tu mamá a cerrar la puerta desgraciado; o ya venía abierta cuando te subiste; cierra la puerta, no seas ingrato.

Yo de plano, sigue relatando el comediante, mejor me salí por la ventana, pero no me escapé de los gritos del taxista;- ¡Como si no hubiera puerta! ¿No puedes bajarte como toda la gente?.
Total que nadie le dio gusto. 

Ninguna circunstancia parece satisfacernos a plenitud, pues solemos ponerle peros a cualquier situación que no nos complazca totalmente. Que si hace mucho frío, que si hace mucho calor, que si está lloviendo, que si hace falta que llueva para que haya elotes, que hace mucho viento, etc.

¿A qué se deberá esa aparentemente eterna insatisfacción?

Se dice que nadie es monedita de oro, para caerle bien a todos. Y es verdad. Resulta curioso que en muchas ocasiones una persona le cae mal a alguien, exactamente por la misma razón por la que le cae bien a otras.

Es natural que cada quien tengamos una opinión diferente sobre las diversas situaciones que la vida nos presenta o sobre las relaciones humanas en los muy variados grupos sociales. Lo que en los pobres es borrachera, en los ricos es convivencia social. Si se exceden en el consumo de bebidas alcohólicas, amanecen igual de crudos, pero en el pobre es “cruda” y en el rico es malestar.

Entonces, si no se puede dar gusto a todos, los sociólogos recomiendan actuar por convicción, haciendo lo que conscientemente se considera correcto, como dice la canción, “a mi manera”.

Al fin y al cabo, la necesidad primaria de satisfacción es para con uno mismo. Satisfacer el “ego” alimenta la autoestima y por consiguiente la motivación está dentro de uno mismo y la consecuencia suele ser de éxito y superación personal.

Me viene a la memoria un refrán que es de mis favoritos, pues mientras no dañes a nadie, “No hay cosa más buena y más sana, que cada quien haga lo que le dé su regalada gana”.
Deseo fervientemente, que estas ocurrencias sean de tu gusto, amable lector.



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