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Dresser mentirosa, Silva-Herzog ingenuo

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Ahora resulta que cualquier hijo de… vecino que es periodista, o que se dice periodista como es el caso de varios de la lista de la señora Denise Dresser, y que es asesinado por los mismos sicarios que antes le llevaban la mensualidad que les mandaba el jefe de plaza, o que lo matan mientras convive con sus amigas bebiendo cerveza y fumando mariguana (así eran las fiestas según los vecinos), se convierte así en un mártir del periodismo para el que hay que exigir justicia (las otras víctimas, si fueron cinco en total, no importan, el único que merece justicia es el periodista) y ponerle su nombre a una calle o a una plaza.

Cuánto fanatismo, cuánta sinrazón, cuánta mentira, cuánta falsedad, cuánta hipocresía, cuánta insidia, cuánta calumnia, cuánto veneno, cuántos ladridos, cuánta ingenuidad también; en síntesis, cuánta estupidez muestran muchos de los que ponen el grito en el cielo, se desgarran las vestiduras y patalean cada vez que muere un periodista, sin importar y sin creer las circunstancias en que murió. Para ellos lo mató el Estado y no hay poder humano que los haga dudar.

Aunque la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (donde ocurrió el asesinato-ejecución de cuatro mujeres y un hombre, fotógrafo de prensa éste), ya informó reiteradamente que la principal línea de investigación del multihomicidio es la presencia en el departamento de tres amigos de una de las víctimas, colombiana ella, a la que más lesiones le causaron, torturaron y la violaron antes de pegarle un tiro en la cabeza como a los demás; a los que las cámaras de la ciudad vieron salir del lugar y llevarse un automóvil propiedad de la víctima mencionada, así como una maleta con objetos de valor y joyas; a pesar de que el miércoles ya había sido detenido uno de ellos y se estaba tras la pista de los otros dos; y a pesar también de las declaraciones de dos testigos, uno de ellos amigo del fotoperiodista, y otra compañera de tres de las víctimas, en el sentido de que el fotógrafo estuvo ahí, conviviendo con el grupo cuando llegaron los criminales, a pesar de todo eso mire usted lo que dice, por ejemplo, Jesús Silva-Herzog Márquez:

Tras de largar todo un rollo acerca del miedo y de Montesquieu (porque es un intelectualazo según Él), dice: “Lo escribo cuando vuelven las noticias de un periodista amenazado que termina torturado y muerto. Es, otra vez, un periodista veracruzano que paga con su vida el atrevimiento de indagar y de retratar las atrocidades de nuestro momento”. El mártir… el que paga con su vida… al que hay que levantarle un monumento a mitad del pavimento.

Pero Silva-Herzog no es más que un ingenuo, fue uno de los varios columnistas prestigiados, de los intelectualazos (por lo que se ve no hace falta tener sentido común para ser considerado intelectual) que se creyeron el cuento de que la SEP suspendió la evaluación de los maestros una semana antes de las elecciones del 7 de junio (otro fue Sergio Sarmiento), cuando ni los propios “maestros” de la CNTE lo creyeron, todos sabíamos que era una inocentada, un ardid de la SEGOB para que los opositores a la Reforma Educativa le bajaran de yemas y permitieran la votación en algunos estados.

La que sí me parece de mala fe, fanática, sectaria, obsesiva y mentirosa, es otra columnista, la señora Denise Dresser, quien en la misma edición de Reforma donde exhibió su ingenuidad Silva-Herzog, publicó un extenso artículo al que tituló: “Fue el Estado”. En él da mil razones, argumentos, especulaciones diría yo, para afirmar que fue el gobierno el que asesinó al fotoperiodista en la colonia Narvarte de la ciudad de México, concretamente el gobierno de Veracruz. Entre otras cosas dice:

-“Porque a la lista de periodistas muertos se acaba de añadir…” “-Porque huyó de Veracruz y de las amenazas que había recibido reiteradamente allí (supongo que le constan)”, -“Porque Veracruz se ha vuelto el estado más peligroso para ser periodista en el país (¿cuánto tiempo habrá vivido esta Señora en Veracruz?, yo lo he hecho por 30 años, 25 como periodista)”, -“Porque descubrieron el cuerpo de Rubén junto con los de cuatro mujeres –periodistas y activistas- que habían sido torturadas…”

Por lo que ha informado la PGJDF, esta señora Dresser miente con todos los dientes. ¿De dónde sacó que las otras cuatro víctimas eran periodistas y activistas? No se ha enterado aún que una de ellas era supuestamente modelo y de nacionalidad colombiana (la cual, según la Procuraduría, fue el objeto del ataque colectivo); otra, maquillista; la tercera, mucama o trabajadora doméstica; y sólo la otra era activista. Por cierto, no sé yo a qué se dedican los activistas, no sé de qué viven (a menos que sean ricos de nacimiento), yo toda mi vida he tenido que trabajar para comer y por eso no lo comprendo. Pero bueno, una de las víctimas era activista. Ninguna era periodista como afirma la señora Denise Dresser.

Y esos son los intelectuales de nuestro país (otra es la tal Guadalupe Loaeza, mentirosa, fantasiosa, insidiosa y mediocre, ni siquiera es capaz de inventar una frase nueva, tuvo que copiar la de Germán Dehesa para preguntarle a Javier Duarte “¿Qué tal durmió, señor gobernador?”),  esos son los máximos exponentes del periodismo, de opinión por lo menos, porque no creo que hayan sido reporteros de a pie jamás, porque desde que nacieron los pusieron entre pañales de seda y en cuna de oro, qué van a saber de reportear la nota roja en la madrugada… Lo único que saben es “defender” a éstos, por lástima, como una obra de caridad, y exigir que se haga justicia cuando los matan. Es lo políticamente correcto, una forma de quedar bien, aunque sea diciendo mentiras…

Que se investigue, sí, que se haga justicia y que se castigue. Y si fue Javier Duarte quien lo mandó a matar, que lo metan a la cárcel y le den 14 cadenas perpetuas por todos los que se ha echado. Pero si no, lo mejor sería que ya le fueran bajando a su mitote, y que dejen de estar manipulando los hechos con sus mentiras.

A alguien le escuché decir que los periodistas somos como los perros de rancho, sólo el primero sabe a lo que le ladra, los demás ladran a lo pendejo. Y esta alharaca lo confirma…

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