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El idioma del amor

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Había una vez una rata que estaba atravesando pausadamente una cocina seguida por sus seis pequeños ratoncillos.

De repente se encontró con un gato grande y de aspecto furioso. Mamá rata se quedó petrificada. En seguida se sobrepuso al susto y lanzó un grito con toda la fuerza de sus pulmones. El gato, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció.

Mamá rata se acercó a sus ratoncitos y les dijo bajito: ¿entienden ahora por qué les recuerdo todos los días que es muy importante aprender un segundo idioma?

Los creyentes tenemos muchas razones para venir a la iglesia, a nuestra cita con Dios, a la escuela de Jesús, a la asamblea de los hermanos.

Hoy, cuando ya se acaba el año litúrgico, cuando la Palabra de Dios nos habla del fin del mundo y nos recuerda nuestro personal final, déjenme que les dé una razón más para venir a la iglesia.

Tenemos que aprender un "segundo idioma". 

Se nos habla del fin mundo y nos recuerda nuestro personal final. Tenemos que aprender un “segundo idioma”. Un segundo idioma para asustar y espantar a ese gato negro y amenazador que se llama: muerte, fin del mundo, fin a secas. Un segundo idioma para vencer el miedo con la esperanza. Para escribir nuestros nombres en el libro de la vida. Para despertarnos con Cristo. Para vivir en la justicia y brillar como estrellas para siempre. 

Tenemos que aprender un segundo idioma, especialmente para comunicarnos con Dios nuestro Padre.

La oración, la eucaristía, la alabanza, la adoración, la escucha de la Palabra des Dios, la profesión de nuestra fe, la acción de gracias… son el segundo idioma del cristiano. Y todos sabemos que lo que no se practica se olvida.

Con fidelidad, tenemos que acudir a la escuela de Jesús  a aprender con Él y practicar con Él el idioma del amor y ponernos en sus manos, hacer su voluntad y confiar en Él nuestro final y espere su venida con gozo, que crea en Él.

Todos los días podemos acudir a la escuela de Jesucristo y no se necesita ni mochila, ni lápiz, ni cuaderno, lo único que se necesita es tener unos oídos muy atentos y un corazón muy humilde porque nuestro MAESTRO nos está enseñando todos los días y en todo lugar sus lecciones de amar y perdonar.


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