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Por los días de la Asunción

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Por Oscar Maldonado Villalpando

Un mártir alegre y humilde: Ramón Parada López en San Diego de Alejandría.

Las flores vienen, brotan en perfumados racimos por los campos en estos tiempos benditos, vienen a adornar el lecho de la Virgen que se va al cielo. Son estos días del año intensos y hermosos con una naturaleza en plenitud. Esta fiesta trae recuerdos hondos y sentidos.

En una ranchería en prosperidad nació Ramón Parada López, en la famosa hacienda de San José del Comedero. Aún quedan vestigios de aquellas grandezas. Arquería que hace continuación a la capilla de la Virgen, que se celebra el 8 de septiembre. Entre las casas de los medieros nació Ramón el 4 de septiembre de 1896. Con diligencia fue llevado a bautizar el día 7. Fue confirmado el 12 de septiembre de 1901, sus padres fueron Ma. Del Refugio López y Tranquilino Parada.
  
Una persona bondadosa y social
  
Ramón supo salir adelante superando todas las circunstancias adversas, como el medio social propio de su tiempo. Aprendió oficios de mucho servicio: dominaba el arte de hacer sabrosos dulces, charamuscas, trompadas, jamoncillos, cubiertos, etc. y era buen carpintero. En lo intelectual llegó a ser maestro y, en lo que se refiere a la fe, fue buen catequista y apóstol. Era pues, una rica personalidad de su tiempo que servía con gusto a la comunidad, en lo que se refiere a la carpintería hacía los ataúdes cuando se requería. Es un adolescente en el estallido de la Revolución que ataca especialmente las haciendas, como la del Comedero donde él vivía. En ese tiempo se establece en el pueblo donde ejerce todas sus funciones y servicios: Los dulces, la carpintería, el magisterio y el apostolado.  
  
En la Cristera
  
Un acontecimiento que viene a desavenir la vida fue la Cristera. Él no tenía vocación para las armas, además ya tenía su familia. Así que permaneció en el pueblo de forma pacífica. Los ricos se fueron, los sacerdotes también buscaron refugio en otras tierras. Ramón era buen cristiano, protagonista de su fe, y sabía cantar y rezar en el templo. Llevado por su devoción tomó la tarea de rezar el rosario para la gente. Especialmente en este tiempo que se venera a la Virgen por la fiesta de su llevada al cielo.

La palma del martirio
  
Ramón se casó con Juana García Gutiérrez el 16 de febrero de 1922, tuvieron dos niños, y una niña que nació después de la muerte de Ramón, el 10 de enero de 1929.

El 5 de agosto de 1928 El General Miguel Z. Martínez llegó al pueblo y persiguió a unos cristeros y mató a uno de ellos Evodio Martínez y a Gumersindo Escobedo lo mandó ahorcar. Pero el movimiento cristero seguía con gran fuerza, para desesperación de los soldados del gobierno.  

El día 12 de agosto llegaron los federales del 54º Regimiento, el mismo de Z. Martínez, como a las diez de la mañana. Se pasaron hacia la hacienda de San Fernando, a medio camino entre San Diego y San Julián. Estaban buscando más presas, para escarmentar y hacer sufrir al pueblo. Los cristeros parecía que se esfumaban en sus narices, otro objetivo deseado era agarrar sacerdotes. El Padre Tules, estaba en el pueblo pero providencialmente tampoco lo podían atrapar. Eso aumentaba el coraje.

Ramón hacía el servicio de rezar. Así que el día 14, a temprana hora, se fueron los enemigos contra él. Por esa razón, por ser buen católico, por no avergonzarse, por rezar, por cantar a la Virgen en estos días, fue sentenciado a la horca. No valieron súplicas de su esposa e hijos que iban tras la comitiva de ejecución. Fue colgado por el camino a Unión de San Antonio, a donde se dirigía la tropa, pues era su centro de operaciones.

Así Ramón es un auténtico mártir de Cristo Rey, aún no reconocido, por falta de los trámites correspondientes. Pero tiene una vida ejemplar y una muerte heroica por la fe.

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