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Uber

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Cualquiera prefiere un mejor servicio y si encima es más barato, mejor. Ese es el problema entre los taxistas y el nuevo servicio de coches privados Uber, donde aparentemente los usuarios están simpatizando por los segundos, por las razones ya señaladas al principio de este texto.

Durante años los taxistas en México, gozaron si no de impunidad, sí de favoritismos de parte de las autoridades; ¿quién no ha visto en Tepa a los “sitieros” pararse donde les dé la gana, no respetar el uno y uno, conducir a altas velocidades y en general hacer de las suyas en las calles?

Y todo esto con el consentimiento de las autoridades. Jamás en la vida he visto a un agente de tránsito sancionar a un taxista en Tepatitlán o cualquier otra ciudad. El único contacto que he visto entre estos trabajadores del volante y un representante de la autoridad es cuando los primeros participan en un accidente y que la interacción con los oficiales es forzosa.

Encima varios de los taxistas se burlan del resto de los conductores y hasta los amedrentan (por ser varios contra uno solo). Me tocó ver hace varios años a un conductor de una camioneta que por incidente vial menor se hizo de palabras con uno de estos prestadores de servicios, pues a las pocas cuadras, cuando aparentemente el conflicto ya había pasado, el particular fue seguido por varios carros amarillos, cuyos choferes trataron de intimidar con palabras altisonantes y maniobras agresivas al hombre.

Pero no todos los taxistas son así, capaz que ni siquiera la mayoría, pero desgraciadamente los humanos tendemos a acordarnos solo de las cosas malas y las buenas ni las tomamos en cuenta.

Claro que para gozar de esa relativa impunidad y manga ancha los taxistas, deben contar con un vehículo más o menos reciente y en condiciones de operación aceptables, contar con placas especiales que no a todo mundo da el gobierno y que para conseguirlas es muy probable que haya que recurrir a la famosa mordida y los coyotes.

Eso sin contar las revistas mecánicas que supuestamente el gobierno practica en los carros amarillos cada año.

Es por eso que los sitieros se han sentido afectados con el servicio de Uber, que ofrece carros mejores, choferes amables y mejores precios. Por años los taxistas detentaron el monopolio del transporte personalizado en México y en el mundo y de repente llegó una empresa que con mejor servicio amenaza con quitarles la clientela.

Y lo que más debe molestar a los choferes de taxis, supongo, es que los de Uber no tengan que cumplir con los requisitos que sí pide el gobierno al transporte público, ya que las artimañas legales señalan que Uber no es transporte público sino un servicio privado, que no es ni puede ser regulado por el gobierno por tratarse de un convenio entre particulares.

En venganza, los taxistas se han dedicado a vandalizar a cualquier carro que les parezca de Uber, lo que les ha generado aún más rencor por parte del usuario y ahora los sitieros están quedando ante el público como unos patanes delincuentes.

Y es que la gente se cansó de los abusos. En ciudades grandes como el DF, hay que esperar varios minutos, a veces hasta media hora o más, para lograr parar un taxi, para que su chofer diga que no puede llevar al usuario a tal destino, que ya no tiene tiempo, que “no va para aquellos lados” o que si se digna a hacer el servicio, se “equivoque” de ruta, escoja una más larga y el cobro sea mayor.

Así que, es comprensible el enojo de los taxistas, lo que no tiene lugar es las represalias que están tomando.

Y para poder competir, suponiendo que el gobierno permita a Uber seguir operando, los sitieros deberán mejorar notablemente sus servicios y he aquí otra actitud típicamente humana, nos resistimos a cambiar y lo hacemos de mala gana y mal si llegamos a modificar alguna conducta o habilidad.

Se pondrá interesante el asunto y si el gobierno no se pone indebidamente del lado de los taxistas, deberá dejar a Uber operar, aunque habrá que ponerle reglas a estos choferes privados y hacer el suelo parejo para todos.

Por otra parte, es raro, por no decir sospechoso, que en las ciudades donde Uber ya opera, como Guadalajara, se ofrezcan autos “premium” para este servicio de transporte y no es mucha la diferencia en tarifas entre un humilde pero decente Toyota Corolla y un sedán BMW de gran lujo.

¿Quién comprará un carísimo BMW para ponerlo de taxi “privado”? De lo que cobra Uber tiene que salir para la empresa misma, el sueldo del chofer, la gasolina y las reparaciones del desgaste del lujoso auto alemán…


¿En verdad será negocio en esos casos o Uber cayó como anillo al dedo para aquellos que se dedican a lavar dinero? Ojalá eso se investigara y si hay algún ilícito, se le ponga un remedio.

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