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Curiosidades

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Por Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

Permítaseme en esta ocasión comenzar por expresar mis más sinceras condolencias a un intelectual, buen amigo, que tiene el deseo constante de ver un mejor Jalos, alejado de la influencia gringoide y a quien agradezco el estar en su lista de amigos, Héctor Antonio Padilla Rábago, por la irreparable pérdida de su hermano Arnoldo Antonio, mejor conocido por una inmensa mayoría jalostotitlense, como “El Chinito”, así con mayúscula, como mayúsculo fue su carácter para ganarse el afecto envidiable de infinidad de personas. Descanse en paz.
Pasemos a cositas más triviales y sin importancia.

Hace algún tiempo, esos insectos que biológicamente son una maravilla, de una increíble resistencia a todos los elementos y que poseen una formas que a algunos amantes de toda la naturaleza les parecen hermosos, pero que a muchas personas nos parece una plaga insoportable y difícil de combatir, llamadas cucarachas, invadieron, ¿cómo se dice?, ah, sí, mi espacio; ¡qué digo mi espacio!, el espacio de toda mi familia

Méndigas cucarachas, eran tantas que un día ya me sacaban entre todas de mi casa, y rectificaron su intención de desalojarme, tan sólo porque les grité desesperado: no la chiflen que es cantada, yo pago la renta, déjenme vivir aquí.

Estoy convencido que esos pinches animales tan repugnantes y de tan mal olor y que pueden transmitir alguna enfermedad, ya existían mucho antes del Big Bang, en la creación del Universo y tan sólo se integraron a su nuevo hábitat  gracias al nacimiento del nuevo sistema solar al que pertenece nuestro pequeño y cucarachiento planeta.

También estoy convencido que cuando nuestro planeta sucumba finalmente a los vaivenes y eventos universales, tales como novas, supernovas, agujeros negros y cataclismos inimaginables, esos carambas animales seguirán en órbita y crearán su propio y exclusivo planeta que bien podría llamarse Cuco, por su etimología de origen greco-latino.

Pues bien, en el intento de pretender que esos insectos fallecieran, se erradicaran, extinguiesen o buscasen cuando menos otro domicilio, acudí a una tlapalería en busca de algo que me ayudara en mi intento y pregunté a Don Robert, (q.e.p.d.) propietario de la misma y muy atento y servicial, preguntóme qué deseaba.

Le informé del motivo de mi intranquilidad y solicité me vendiera algo que fuera malo para las cucarachas. Puso cara de ¿Qué onda? Y me respondió: ¡Cómo que quiere algo malo para las cucarachas!, será algo bueno, no malo. Ay don Robert, repliqué: algo bueno, ellas solas se lo consiguen, no quiero vitaminas, quiero algo que sea malo, que las chingue. Ya no las aguanto. Hasta son mutantes las condenadas; sale un veneno nuevo y la huevada se hace inmune. Cuento de nunca acabar.

Cambiando de tema. No siempre el ejercicio es bueno aunque siempre nos recomiendan comer frutas y verduras y hacer treinta minutos mínimo al día para conservarse saludable. Hace rato platicaba con una persona con quien llevo amistad desde hace un poco más de cuarenta años y le gusta caminar. Sucede que le gusta caminar, pero padece de gota y le duele un chorro. Ya fue con la nutrióloga y ella le dijo: no se preocupe, usted podrá comer todo lo que se le antoje. El, entusiasmado le preguntó, ¿de verdad podré comer lo que se me antoje?, ¡claro! Dijo la profesional de la nutrición, lo que se le antoje, pero ahorita le doy la lista de lo que se le va a antojar en cada alimento y cada día. Ahora come por prescripción médica rigurosa, pero se ha sentido mejor, eso sí.

Pero eso del ejercicio tiene algunos aspectos que me parecen meritorios de analizar. Veamos. A cuadra y media de mi domicilio hay un gimnasio con una gran cantidad de clientes, lo cual da gusto tanto porque le vaya bien al negocio, como por la conciencia que se crea entre la ciudadanía de los beneficios del ejercicio diario. Pero sucede que muchas de las personas llegan a hacer ejercicio al gimnasio, ¡en coche! Yo no sé, pero parece una incongruencia. Digo, pues lleguen caminando y les hará mejor provecho la caminata. Digo, yo digo.

Un señor fue al médico y le preguntó, cómo podría hacerle para vivir otros veinte años cuando menos. El galeno interrogó al paciente de esta manera: ¿fuma usted?, no, nada. ¿Bebe alcohol?, ni gota, doctor. ¿se desvela?, nunca doc. ¿es mujeriego?. Ni de chiste doctor. ¿Asiste a parrandas?, para nada. ¿Come de todo, como chicharrones, carnitas, asados, chile, café, tamales, tacos, tostadas, tortas y demás?, no, como en base a una dieta muy rigurosa. Y le dice el facultativo de la rama de la medicina:  si no hace nada de esto que le pregunto, ¿para qué quiere vivir otros veinte años?

También hace años, cuando este su servidor fumaba como contratado, fui a consulta en el IMSS de Ciudad Guzmán, con nuestro médico familiar el Dr. Fernando Zambrano Villa y que por cierto, en ese entonces su hermano Enrique, era nada menos que el rector de la Universidad de Guadalajara.  Al relatarle mis molestias, me hizo el interrogatorio de rutina: ¿toma café? Sí, doctor. ¿bebe alcohol? No, doc. ¿Ingiere comidas grasosas?, eso sí, cada que se puede. ¿Come mucho chile?, sí claro, no hay comida sin chile. Al final del interrogatorio me hizo una pregunta clave: ¿fuma usted? Todo apenado le respondí afirmativamente. Entonces me dijo: Pues regáleme un cigarrillo, pues los míos ya se me acabaron.

Aliméntate bien, come de todo, no hay problema. Los excesos son los malos. Vive sanamente y come también frutas y verduras. (a veces están bien caras, pero, ya qué).

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