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Jesús lo visitaba

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Un grupo de jóvenes de una parroquia, como parte de su labor evangelizadora, empezaron a realizar visitar a un asilo de ancianos. Juan, uno de los jóvenes, sentía repugnancia hacia los ancianos, pero aún así fue, y al llegar al asilo, Juan trató de apartarse para no entrar en contacto con ningún anciano, y se sentó en un lugar apartado de todos. Pero, para su sorpresa, de pronto sintió una mano de alguien, y escuchó: ¡Hola! Una voz que apenas salía de una persona con muchas enfermedades y anciana. Juan se asustó al sentir su mano, y sólo pronunció él también: Hola. Juan se levantó espantado y se reunió con el grupo que ya terminaba la visita. Juan pensaba, ¨menos mal que ya terminó esta pesadilla¨. 

Pero para su sorpresa, al reunirse de nuevo, ya en la parroquia, el coordinador del grupo les dijo: ¨Muy bien, muchachos, regresaremos la próxima semana a visitar de nuevo a estos hermanos nuestros ancianos¨. 

Juan asistió la siguiente semana tratando igualmente de pasar inadvertido para los ancianos; pero de pronto sintió de nuevo la mano del anciano: ¡Hola! Juan se volvió a asustar y volteó a ver al anciano y sólo le decía: Hola. Así sucedió por varias semanas, hasta que un día de visita, el anciano ya no estaba. Por curiosidad preguntó por el anciano y le dijeron que estaba muy grave en el hospital. 

Juan fue a ver al anciano, pero se encontró con su nieta, la cual le dijo: ¨Usted debe ser la persona de la que hablaba mi abuelo¨. Juan le dijo: Pero ya nunca hable con él. La nieta le contó: ¨Anoche mi abuelo pudo hablar y me dijo: ¨Dile a Jesús que me he ido¨. 

“Abuelo -le dijo la nieta-, es probable que tú lo veas muy pronto, puedes decírselo tú”. 

“No -me dijo mi abuelo-, Jesús viene a visitarme cada semana; dile que me he ido”. 

La nieta le dijo a Juan, ¨usted debe ser la persona que mí abuelo confundió con Jesús¨. 

Juan se fue llorando y pensando cómo alguien podía confundirlo a él con Jesús a pesar de comportarse tan despectivo con su prójimo... 

Como tú y como yo, distraídos de la voz de Jesús que nos llama a hacerlo presente con nuestras acciones.

Qué importante es no desaprovechar las ocasiones que se nos presentan para hacer el bien a los demás.


Quién se iba a imaginar que aquél anciano sentía en Juan la presencia de Jesucristo, pero esa es la realidad, porque el se nos presenta en cada persona.

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