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Novedades de octubre

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Por Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

De pura casualidad y al paso, sin querer alcancé a escuchar a un matrimonio, con varios años de casados, no sé si dialogando o dialegando, el caso es que ella decía: caramba, eres un cabezón, bueno para nada, me haces enojar a cada rato (al mismo tiempo le regalaba unos sopapos), y mientras ella le sacudía el cabello a punta de manazos, él replicaba: “¿cómo que no sirvo para nada?, si yo soy el que da techo, comida y cuello”.

No le entendí.

Estamos a punto de entrar al otoño, tanto de este año, como de la vida por la bola de años, jejeje. Esta época es propicia para admirar los campos en que los colores que la naturaleza nos brinda son maravillosos. Todo es cuestión de verlos con los ojos del espíritu. Pues bien, hace ya dos días que un águila se aposentó en las azoteas de mis vecinas y es todo un espectáculo natural que invita a considerar la conveniencia de conservar las especies. No muestra temor a los seres humanos y su plumaje y la envergadura de sus alas son impresionantemente hermosas. Un espectáculo natural gratuito.

También este otoño, los municipios de Jalisco sufrirán ese cambio de cada tres años: las administraciones públicas cambian de titular y por consiguiente, el cuadro básico de servidores públicos no está exento a esa serie de reubicaciones, despidos, licencias, demandas, creación de nuevas plazas y todo lo concerniente a los cambios de poder. Cada inicio de trienio, despierta la curiosidad del pópulo para saber quiénes se verán favorecidos con un empleo, especialmente en los puestos de direcciones clave para el desarrollo, estancamiento o hasta retroceso del municipio, dependiendo de la actuación de los propios directores.

Si muchos de esos puestos son para cumplir compromisos políticos de campaña y eligen a los representantes entre su grupo de correligionarios, amistades y compadres aunque no tengan el perfil del puesto, la cosa no saldrá bien. Al menos eso dice la lógica. Pero si delegan las responsabilidades a personas con el perfil y además poseen bien arraigado el espíritu de servicio, la cosa cambia; No es malo elegir a sus copartidistas, si éstos tienen las cualidades necesarias para cumplir cabalmente con la responsabilidad que el pueblo les ha otorgado. Y no es poca cosa.

En estos tiempos un presidente municipal adquiere una gran responsabilidad. Dirigir un equipo de trabajo que de verdad se dedique de tiempo completo a mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes, hayan o no votado por ese partido. Ya el pueblo desea que el ayuntamiento deje de ser visto como una agencia de colocaciones para los compas. Insisto, no es malo colocar a los compadres siempre y cuando trabajen en un área que beneficie al pueblo y tenga los conocimientos de la misma. 

Pero ahora cada presidente tiene otra responsabilidad que quizá no han considerado algunos de los presidentes electos. Ahora deben trabajar con tal inteligencia y espíritu de servicio que el pueblo vuelva a creer en la clase política, no importando el partido. La cosa es que el pueblo ya no cree y para que el votante vuelva a creer, no es nada fácil.  Esa será su responsabilidad por los próximos tres años. El pueblo espera una administración que sirva no por inercia, porque las cosas ya funcionan y sólo dan continuación. Cambiará el personal, pero los métodos, no. No es eso lo que espera el vulgo; lo que espera es una verdadera renovación que vele por sus intereses y cimenten bases reales para el desarrollo.

¿Cuáles son las dos primeras necesidades que el pueblo expresó a los entonces candidatos? Lógico; trabajo y seguridad. Pues señores presidentes, no hay otra; a trabajar de verdad por el pueblo y no sean sólo un empleado de categoría sino una persona que emplee y dedique todos sus conocimientos, esfuerzos, sacrificios, voluntades, desvelos, alegrías y esperanzas en favor de la gente que con su voto le ha confiado un empleo de privilegio.

Bueno, deseemos buena suerte a todas las nuevas administraciones y pasemos a otro tema que ojalá sea un poco más alegre.

Ayer me contaron un chiste y se los comparto, con la firme esperanza de que al menos los haga sonreír. Tal vez le parezca un poco fuera de foco, y quizá un poco asqueroso, pero ojalá sonrían.

Un par de sedientos y hambrientos caminantes, van cruzando el desierto bajo los inclementes e interminables rayos solares, que parecían sopletes enfocados a sus cuerpos. Inesperadamente se topan con el cadáver de un animal en estado de descomposición. Uno de los caminantes que ya no soportaba el hambre le dice al otro: atáscate ahora que hay lodo, comamos todo lo que podamos.

El otro le responde: ¿estás loco? ¿no ves que esa masa informe ya está echada a perder?. El primero no hace caso y come bastante ante la vista de su compañero. Lógicamente el ingerir alimentos descompuestos provoca dolores y malestares que le provocan un vómito casi inmediato.
Al ver que su compañero se vomita, el que no quería comer se dirigió al producto del vómito y tomando una porción, exclamó: ¡ándale!, así calientita sí como.

Tampoco le entendí.

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