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60 aniversario sacerdotal de don Ramiro Valdés Sánchez

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• Gran benefactor, como educador, de San Julián

Por Oscar Maldonado Villalpando

No se puede añadir cosa alguna, sobre este gran acontecimiento, a las propias palabras del protagonista en nuestra historia regional.

San Julián era lo que es hoy, pero en simiente, como podía ser en 1955, la calle real empedrada, a flor de tierra, pegado a las banquetas –el arroyo- corría el agua para el uso doméstico, el aseo y las plantas. Agua muy especial, agua que solo algunos saben lo que eso significa, más de algún extraño, diría ¿qué aquí no hay agua? El agua clara, el agua clara era exclusiva de ciertos pozos sagrados, se puede decir, o la que goteaba en la cocina de las “destiladeras” de cantera. Ya era tiempo de caballos, entonces con más ganas, la pasión por los caballos ligeros. Don Ramiro muy bien lo dice al hablar a los fieles el jueves 24, una vivencia única y sobresaliente. Ahí vemos el perfil religioso, social y educativo de San Julián.    
  
Homilía del 24 de octubre de 2015
  
San Julián, Jalisco pueblo evangelizado con grande fe y devoción a Jesucristo en la Eucaristía, a la Virgen de Guadalupe    a Señor San José.
Estimados hermanos:

“Pero ustedes como pueblo adquirido por Dios, para que anuncien las maravillas de Dios, que los llamó a salir de la obscuridad, para entrar en su luz maravillosa” I S. Pedro cap. 2, verso 9.

Invitado por los estimados amigos de San Julián, vengo ahora a celebrar con gozo y alegría la Santa Misa en este templo parroquial de San José en San Julián, Jalisco que fue erigido parroquia por el Sr. Arzobispo de Guadalajara Don Pedro Loza y Pardavé el 4 de marzo del año 1895, y a los sesenta años de su creación, en el año de 1955, hace sesenta años también, el Señor Arzobispo de Guadalajara Don José Garibi Rivera me envió a esta comunidad al desempeño del ministerio sacrdotal que para eso me había administrado el Sacramento del Orden sacerdotal el día 24 de septiembre de ese año 1955, cuando apenas yo había cumplido 24 años de edad.

Muchas veces, en las clases de pastoral, que el mismo Arzobispo nos había impartido en el Seminario, había elogiado a la parroquia de San Julián por las muy sanas costumbres cristianas que tenían los vecinos de este pueblo, con grande moralidad y familias con hijos bien nacidos de matrimonio sacramento, porque, los dos párrocos, que en sesenta años habían servido a esta parroquia, Don Narciso Elizondo Gómez y José Refugio Macías Gutiérrez, habían evangelizado con grande empeño y celo pastoral a todos los vecinos de la parroquia, tanto del pueblo como de las rancherías y habían cuidado con esmero que todos vivieran como fieles cristianos hasta el heroísmo de dar la vida por su Fe Católica.

Por lo tanto bien se aplican a San Julián, las palabras del Apóstol S. Pedro en su 2ª carta dirigida al pueblo de Dios, (a San Julián) “Despójense de toda clase de maldad, engaño, hipocresía y envidia, ya que han gustado la bondad del Señor… pues ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del Rey, una nación Santa y un pueblo adquirido por Dios”

Fue el domingo de Cristo Rey, 30 de octubre del año de 1955, cuando Nuestro Buen Padre Dios, me concedió llegar en camión de La Alteña a San Julián, cuando eran las siete de la tarde y se ponía el sol y en la plaza tocaba la banda del pueblo dirigida por el maestro Nino; por un camino tortuoso durante cuatro horas, había recorrido de la ciudad de León, Gto. A San Julián, Jalisco. Esa misma mañana había partido de Guadalajara hacia este destino.

Ni el párroco ni los sacerdotes estaban enterados que yo vendría en lugar del Padre Rubén Campos Paredes con el encargo de la dirección de la escuela de esta parroquia de San Julián.

La Ordenación Sacerdotal consagra al llamado para que desempeño una triple función: Maestro de la Palabra de Dios, Ministro de los Sacramentos y Pastor que guía a la comunidad, ciertamente yo era un Neo-Sacerdote enviado a una parroquia de muchos valores espirituales, pequeña en población y muy joven todavía. Encontré aquí fervorosos cristianos, muy devotos de Jesucristo en la Santísima Eucaristía, con numerosos grupos de Adoradores del Santísimo que cada tercera noche, con quince turnos, pasaba de las nueve de la noche a las seis de la mañana alabando y adorando al Supremo Señor Sacramentado. Se acercaban al sacramento de la confesión y devotamente comulgaban en la Santa Misa. –Estos adoradores jóvenes y adultos venían desde los ranchos cercanos y lejanos y del pueblo a Vivir la Vigilia de Adoración.- ¡Qué hermosos ejemplos de estos fervientes cristianos!, que venían desde lejos con varias horas de camino a pie o en humilde borrico o un viejo caballo.- Llegaban al pueblo, compraban en la tienda “La Vencedora” de don José e hijos, una pieza de pan con cajeta para cenar con un refresco y luego pasar al templo a su Vigilia de Adoración que costaba de una hora ante el Santísimo y otros ratos de descanso en el humilde lecho del suelo en los anexos del templo y con la inclemencia del frío, cubiertos con sencilla cobija.

Solemnes, extraordinarias, concurridísimas eran la vigilias generales de la Adoración para el Jueves de Corpus, la Vigilia de Espigas y la del 2 de noviembre, en que con fervorosa piedad, se llevaba en procesión por las calles del pueblo, al Santísimo Sacramento.

Los viernes primeros de cada mes era una explosión de amor al Sagrado Corazón de Jesús, cientos de personas acudían a la confesión y a acercarse a la Santa Comunión.       
   
Con grande piedad llamaban al sacerdote para la atención de los enfermos y moribundos y los sacerdotes, ministros del sacramento, estaban prestos a atenderlos aunque fuera de noche y se tuviera que recorrer un largo camino al lomo de un caballo o destartaladas camionetas.

Para honrar a la Santísima Virgen María organizaban solemnes fiestas en el mes de diciembre a la Virgen de Guadalupe con música, cantos, flores y carros alegóricos el día 12. En el mes de mayo, organizados para los 31 días, venían del pueblo y de los ranchos el rezo del Rosario y ofrecimiento de flores. –Las niñas vestidas de blanco como limpias palomas, llegaban hasta el altar de la Virgen Purísima; y no faltaba alguna    catequista que con un pellizco corregían a alguna niña distraída o traviesa.
Los grupos de catecismo estaban repletos de niños en el templo o en el salón anexo y el párroco con su vara de manzano vigilando el buen orden de todos.

Impulsar la acción educativa en la escuela parroquial en San Julián es la tarea que directamente me encargaba el Sr. Arzobispo, por petición de padres de familia de este pueblo que le habían hecho al Sr. Arzobispo. Esa era la misión que se me encomendaba.    Hacer, en forma más organizada e integral, de la escuela primaria completa, porque hasta esa fecha solamente llegaba al cuarto grado.
Ciertamente desde el principio del siglo se había establecido la escuela parroquial para niños y niñas y se tenía un pequeño edificio escolar, insuficiente en la calle Narciso Elizondo norte, junto a la cajetería de don Natividad.

Maestras del pueblo la Srita. María Hernández, las hermanas Lola y Margarita Torres Moreno, se encargaban de atender los grupos y lo hacían muy bien pero tenían que mejorar y ese era el propósito de don Manuel Hernández Hernández, doctor del pueblo y de su grupo de padres de familia, como don José de Jesús Muñoz Márquez, su hermano J. Refugio, el Sr. José Gutiérrez, D. José Trinidad Pérez Zermeño y muchos más.

Se encontró un amplio lote frente a la Cruz del Padre Mártir, San Julio Álvarez Mendoza, que el día 30 de marzo del año de 1927, allí había sido sacrificado y había derramado su sangre como siembra abundante de nuevos cristianos. Los Señores Miguel Pérez, D. Vicente Pérez, D. Julián Márquez, facilitaron la adquisición del terreno y pronto, el día 11 de junio del año 1956, se inició la construcción del nuevo edificio escolar, que al siguiente curso, ya tuvo aulas disponibles.

Todo el pueblo, todos los hijos de San Julián aportaron generosos, su ayuda económica y trabajos para esta obra de la Escuela. Se logró traer más maestros, Seminaristas de Guadalajara, las Religiosas Misioneras de la Purísima Virgen María de Aguascalientes. Se edificaron la capilla, la casa para las hermanas; dos conjuntos escolares con salones, patios, servicios sanitarios. Se incorporó la escuela a la Secretaría de Educación Pública, con certificados de Educación Primaria y en septiembre del año 1964 se fundó la Escuela Secundaria, Profesor José R. Osorio, también incorporada a la Federación.      
Cientos de alumnos han pasado por las aulas de esta escuela parroquial, muchos maestros profesionales, hombres y mujeres, han servido generosamente y comités de Padres de Familia, han trabajado por la Escuela de sus hijos en los once años que yo estuve en San Julián y también después con directores y directoras, maestros y maestras muy eficientes y profesionales.

Porque el Maestro divino, Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, me concedió el don de la vocación y ordenación sacerdotal hace sesenta años y tuve la dicha de pasar en esta parroquia de San Julián, mis primeros once años de ministerio y magisterio, le doy gracias al Señor y a ustedes también a ustedes sanjulianenses, porque son el pueblo elegido de Dios para anunciar las maravillas del Señor.

Los felicito, y me alegro de estar aquí celebrando esta Eucaristía de Acción de gracias para bendecir al Señor y pedirle perdón por las muchas faltas que haya cometido en tantos años    de ministerio sacerdotal.

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