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Aspiraciones

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Los intereses pueden generar también capital…

 Con la llegada de la nueva clase política en varios municipios de Jalisco, en donde la “ciudadanización” de los puestos públicos se hizo efectiva, los modelos aspiracionales en la política han cambiado.

Y a partir de este ejercicio público ya quedaron atrás los idealismos de que la gente participa en el gobierno por “ideología” o por “doctrina de partido”. Adiós a esos conceptos.

 Con el quiebre del bipartidismo en Tepa, o del tripartidismo en otros lugares de Los Altos, el triunfo electoral desenmascara lo que siempre ha sido la cosa pública: hay quién busca puestos por intereses.

 Y es que los intereses pueden ser auténticos o mezquinos. Pueden ser colectivos o individuales. Pero a fin de cuentas son intereses.

 Nos resultó muy costosa, en los años recientes, la creencia de que los candidatos y sus equipos eran gente que buscaba el bien común, la justicia social, la renovación moral de la política.

 Nos debe quedar claro y, a partir de este ejercicio, ya no podrán vendernos, nadie, espejitos o ilusiones de que se busca atender a la población a cambio de nada.

 Con la implantación de procesos democráticos, como los hemos tenido en los últimos años, los partidos políticos deberán escuchar las voces ciudadanas que claman por libertad de decisión y por participación real. Aquél partido que quiera seguir distribuyendo posiciones en lo oscurito, ya sabe a lo que se atiene: o escucha a su pueblo o se queda en la banca de la administración pública.

 Aunque la llegada de cualquier ciudadano no es garantía de eficiencia. Tampoco. Muchos de los que ahora se lucen como “ciudadanos libres” deberán demostrar que su inclusión en la nómina sí es viable, efectiva y eficiente; so pena de ser corridos, de ser exhibidos por incumplidos. Ahora ya no tendrían el velo del “partido” para refugiarse tras hacer compras, construir pavimentos, contratar seguros, hacer viajes “de capacitación”. 

 La democratización de la política o el empoderamiento ciudadano puso en el ojo del huracán a aquellos que, abierta o veladamente, aspiran a un cargo: o cumplen o se tienen qué ir, ya no hay “nomenklatura” que les proteja.
 De entrada, esa posibilidad de que los actuales funcionarios puedan y deban ser juzgados por sus hechos, por sus logros o por sus fallas, resulta atractiva. A ver si el pueblo decide participar activamente en esos juicios o, de forma incauta, le dejamos esa posibilidad a los propios actores políticos, para que todo cambie para que todo siga igual.


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