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Casi todo bien

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Todo salió bien y el huracán Patricia sólo nos sacó un buen susto. Bueno, casi todo salió bien, pues Peña Nieto, para variar, por quedar bien quedó peor con algunos al decir que fue gracias a las oraciones y buena vibras de los mexicanos que el meteoro no desató su furia sobre la tierra como se tenía previsto.

Y es que pese a que la inmensa mayoría de los que habitamos este país, creemos en Dios o algún otro ente divino, a los pocos que no creen en nada les sigue provocando comezón cuando alguien hace alusión a los religioso, sobre todo si ese alguien es una figura pública (“¡nos quieren imponer la religión!” se quejan).

Pero bueno, fuera de eso, todo salió muy bien. Lo positivo, además de que el huracán no causó tanto daño como se temía, fue el papel casi impecable de todas la autoridades y la cooperación de la gente; nunca se había visto eso.

Vimos hace dos años cómo un huracán en Acapulco agarró desprevenidos a sus gobernantes, quienes en vez de advertir y coordinar las labores de prevención, andaban muy quitados de la pena en la fiesta del grito de Independencia.

Algo parecido ocurrió el año pasado en Baja California Sur, donde el huracán de entonces agarró también desprevenidas a las autoridades locales, aunque no hayan andado enfiestadas como ocurrió en Guerrero y el resultado en ambos casos fue catastrófico.

Aquí con Patricia, además de la buena coordinación del gobierno, hubo mucha suerte. Estuvieron de más los ingredientes populistas, como ver a Aristóteles hablando a través de un megáfono a los habitantes de Vallarta para que se pusieran a salvo o a Peña Nieto dando a conocer que sostuvo una junta con su gabinete en la madrugada para prepararse ante el huracán. ¿Qué necesidad de esa publicidad? Era una potencial catástrofe no el anuncio triunfante de una obra pública o un informe de gobierno.

Sin embargo esta vez la gente, por lo menos la mayoría, no pudo reprocharle nada al gobernador y al presidente, pues fueron presumidos y saludaron con sombrero ajeno, pero al menos esta vez también fueron efectivos y fueron fundamentales en la prevención contra el huracán.

Quizás, si Patricia hubiera dejado sentir toda su furia como estaba pensado, ahí hubiéramos visto la verdadera efectividad del gobierno, pero lo que hizo fue visto con buenos ojos por casi todos y es raro que una autoridad haga algo sin que se le critique con o sin razón.

Y la gente también; la mayoría supo utilizar las famosas redes sociales de forma correcta, sacándoles mucho provecho, aunque por ahí no faltaron quienes se aprovecharon del internet para desinformar con fines de diversión y dolosamente.

Pero bueno, nos queda la satisfacción como mexicanos, una vez más, que somos unidos ante la desgracia y la tragedia y no solamente para echarle porras a la selección o a la candidata de Miss Universo.

El gobierno también se portó a la altura. Parece que nos falta que un temible huracán nos amenace para sacar lo mejor de nosotros mismos.

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