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De vacaciones en la costa

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Durante sus vacaciones en la costa, una familia presenció una gran tempestad. Las olas subían a enormes alturas mientras que los vientos fuertes sacudían violentamente las embarcaciones que estaban amarradas al muelle.

Un niño de doce años, que miraba desde la ventana, se fijó en que sólo la boya flotaba serenamente en aquel turbulento mar y se mantenía en su lugar a pesar de los vientos fuertes. 

El niño comentó con los demás que la boya era la única cosa que había allí afuera que parecía no tener miedo, porque aunque se hundía de vez en cuando, siempre volvía a subir sin daño y en el mismo lugar. 

Entonces el papá les explicó que la boya se mantenía firme a pesar del viento fuerte porque estaba amarrada a un ancla en el fondo del mar, y agregó que también así es nuestra vida. 


Cuando nuestra fe está anclada en Cristo podemos enfrentarnos sin temor y con calma a cualquier viento contrario en la vida. No existe bendición como la de una perfecta confianza en el Señor.
Jesucristo es y será siempre nuestro apoyo y nuestra sostén en todos los momentos difíciles de la vida.

No nos olvidemos de sus palabras que nos alientan y nos dicen “Vengan a mí todos los que tiene problemas, angustias y dificultades porque yo les daré alivio”

Recuerdo a tantas personas que han sabido poner en Jesús toda su esperanza y aunque  pasan por mil dificultades, sin embargo salen adelante, pues el que persevera hasta el fin, ese se salvará.
Dice la palabra de Dios “Maldito el hombre que confía en el hombre y bendito el hombre que confía en Dios”.

Confiar en el hombre en poner nuestra seguridad en nosotros mismos y en cambio confiando en Dios es como estaremos seguros.

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