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¿Derechoso?

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 Ahora que se debate el uso de la marihuana con fines “recreativos” y que pudieran unos alcanzar la acreditación de la Suprema (?) Corte de la Justicia para que sea legal portar, consumir y hasta producir la planta para autoconsumo, salen a la luz las diferentes, diversas y hasta opuestas posiciones de quienes tienen algo que decir al respecto.

 Pudiéramos derrochar tinta, saliva y horas de discusión para llegar al mismo punto: El consumo de la cannabis ¿es un derecho o es un beneficio?

 Me gustaría abonar un escenario, real, no ficticio. Una historia sobre lo que podría pasar a un “mexicano promedio” que usa la yerba para fines “recreativos”.

 José vive en un pueblo de Jalisco, desde adolescente usa la marihuana. Es un adicto y el abuso en el uso de la marihuana le tiene deshabilitado para trabajar.

 Son frecuentes sus delirios. De hecho, utiliza, además, medicamentos para controlar sus etapas de esquizofrenia.

 José tiene altibajos emocionales. Pasa de la euforia a la depresión.

 Vive con su madre.

 Ella no trabaja, él tampoco.

 Ella es viuda y recibe una pensión por viudez de apenas un mil 200 pesos mensuales. Pagan renta y José depende económicamente de su madre. ¿Cómo le hacen para subsistir? Es una buena pregunta. Pero ese es otro tema, ¿o es el mismo?

 A José le dictaminaron discapacidad laboral,  pero no puede beneficiarse de una pensión porque laboró un tiempo en Estados Unidos de América y apenas regresó a Jalisco no pudo encontrar un trabajo.

 Si los Ministros de Justicia deciden que José tiene derecho natural a fumarse sus porros y elevarse en sus esquizofrénicas ideas, entonces estará siendo reconocido como un adicto con derechos. Estará bien para él, quien ya no sería molestado por los Policías, ni por la Judicial, ni por el Sistema Penal Mexicano por ser mariguano.

 Pero, de seguir con su vicio, podría alcanzar niveles descompensatorios de esquizofrenia. Podría convertirse incluso, en sus delirios, en un delincuente, en un asesino, en un parricida.

 Entonces y, solo entonces –como suelen decir los abogados-, ¿quién se haría cargo de procesarlo, de encarcelarlo y de mantenerle preso?, Si no llegase a cometer delito alguno, José seguiría deshabilitado para laborar, sería un ciudadano con derechos, pero sin obligaciones, derivado de su gusto, de su vicio, de su intoxicación voluntaria y derechosa. ¿Quién se hará cargo de él y de sus vicios cuando falte su madre?, ¿cuánto presupuesto tendrá que destinar la Comuna para alimentarle, darle servicios de salud y cuidarle de que no cometa delito alguno?

 Cuando necesite cuidados (médicos, de vigilancia, carcelarios), ¿le cobrarán impuestos, cuotas o le pedirán a la sociedad que coopere para atenderle?, ¿Crearán un fondo económico para su atención o implementarán un impuesto tipo las gaseosas o el tequila?

 Son dudas que me brotan cuando veo a José con su porro, a su madre angustiada y a sus vecinos con miedo.


 No conozco a los Ministros de la Justicia en México. No sé lo que decidan, pero sí sé que a José me lo toparé casi todos los días en mi vida, porque es mi vecino y no tengo a dónde irme a vivir, pues a dónde me vaya, seguro que me encontraré a otro José, que luego de años de consumir droga, será deshabilitado laboralmente y será, éste también, una carga familiar, económica, de salud, política y social para mí o para mi familia, aunque no seamos parientes José y yo. Aunque no convivamos y aunque le reconozcan los Ministros su derecho a ponerse moto.

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