Últimas Noticias:
Loading...
,

Dos alegrías las visitas nos dan…

Share on Google Plus


Por Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

¡Ah! Qué gusto nos da que nos visiten los seres queridos. Imaginemos una escena cualquiera en una casa cualquiera de un pueblo cualquiera…

-Toc, toc, toc.

-Miros, ve a ver quién toca a la puerta.

-Sí, apá. (al abrir la puerta, grita) Es mi Tía Consensa y su familia.

El papá se levanta rápidamente y acude a recibir con agrado a sus parientes y con efusividad da muestras de una evidente alegría. 

-Tía, que bueno que vinieron a visitarnos; hola tío Petronio, quihubo sobrinos Sinfonio y Torcuato. Pasen, pasen, son bienvenidos.

Pues sí sobrino Loncheto, hemos decidido pasar unos días de vacaciones con ustedes, para convivir y reafirmar los lazos familiares. Vamos a bajar el equipaje para instalarnos, si te parece bien, sobrino.

-¡Claro que sí, tía!, no faltaba más.

La visita comenzó a cruzar la puerta hacia el interior de la vivienda, y fueron entrando: la tía, el tío, los dos sobrinos, el chofer, dos baúles grandes, otros tres de regular tamaño, cuatro velicitos pequeños, de esos que llaman “neceser”, una bolsa grande como esas que usa el ejército, una bicicleta de montaña y otra de carreras, tres casas de campaña de tamaño regular (nomás por si fueran necesarias), tres paquetes de agua purificada embotellada (no se sabe la clase de agua que tomen los anfitriones), una jaula en cuyo interior se encuentra una pareja de periquitos australianos y un nido con cuatro huevitos en espera de ser incubados, un perro de la raza “Hush Puppies” y otros artículos de menor importancia y volumen.

Una vez instalados, los visitantes comienzan a acudir a la cocina diciendo; veamos que nos van a invitar a comer, pues con la prisa de llegar, omitimos llegar a algún restaurant a tomar algo de alimentos, de manera que tenemos un hombre atrás; eh, quiero decir, un hambre atroz.

- Pues sírvanse con confianza, siéntanse como en su casa y tomen lo que gusten, el refri está a su disposición. 

Si hubiese sabido que esta frase la iban a tomar en forma literal, no la hubiera pronunciado. Después se arrepintió de haberla dicho.

Ya por la noche, un poco antes de disponerse a dormir, el tío Petronio le dice al anfitrión: mira sobrino, sin querer me encontré dentro de un jarrón chino, ese de los dragones azules, una botella de este excelente cognac francés y aprovechando tu ofrecimiento, me tomé la libertad de abrirla y brindar aquí con tu tía y mis hijos; ¿tú gustas una copita? De verdad que es delicioso, justamente para paladares exigentes. Te felicito.

Obviamente sí aceptó la copita, para bajarse el coraje y disimular un poco la desilusión, de haber creído que escondió bien su “tesoro” que tenía para su exclusivo consumo. Pero ya no había remedio.

Al día siguiente, los sobrinos sacan su balón de futbol y se ponen a jugar en el patio trasero y que además de hacer mucho ruido, rompieron accidentalmente la pequeña piscina de plástico y todo el agua se desparramó sobre la tierra, provocando una gran cantidad de lodo fresco, pero eso no los detuvo en la práctica de su deporte favorito.

El anfitrión mientras tanto, se dispone a salir para cumplir su jornada laboral en la oficina, pero justo antes de salir, junto a la puerta, estaba un mojón salido del vientre del cánido; o sea, una caquita de perro que el dueño de casa no vió, pero sí sintió debajo de la suela de su zapato, que por cierto acababa de “chainear”. Rápidamente y lamentando su mala suerte y buena puntería en este caso, se cambia de calzado y sale por otra puerta, no sin irse con una cierta desazón y malos presentimientos.

Al regresar a mediodía a tomar sus sagrados alimentos, se encuentra que la sala está llena de lodo, pues como los chavos se resbalaban en el patio, decidieron hacer una portería alineando el sofá con el reposet y seguir su competencia dentro de casa. Mientras, los periquitos australianos se alimentaban, arrojando las cascaritas del alpiste, sobre la tele de la sala de estar. Ya de plano sobresaltado, sale al patio con una intranquilidad evidente, temiendo encontrar más daños. No se equivocó; el árbol de durazno que tenía ya muchos frutos en etapa de crecimiento, quedó más pelón que una bola de billar y más trespeleque que un perro desahijado.

Entonces comenzó a soñar en un posible y pronto retiro de sus seres “queridos”.

Obviamente no todas las visitas son más o menos como este imaginario caso, pero las visitas prolongadas, suelen derivar en dificultades e incomodidades. Ojalá estimado lector, nunca te suceda algo parecido.

Pero estoy convencido que casos similares dieron origen al refrán popular que reza: Dos alegrías las visitas nos dan: una cuando llegan y la otra cuando se van.

You Might Also Like

0 comentarios