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El vendedor de gorras

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Un vendedor ambulante iba de casa en casa con su maletín a cuestas, vendiendo de todo, incluso ropa y gorras. 

En una ocasión, la noche le sorprendió cuando atravesaba un bosque y decidió dormir debajo de un árbol. Para protegerse del relente, abrió el maletín y sacó una gorra para cubrirse la cabeza. En el bosque vivían muchas bandadas de monos. Encaramados en las ramas de los árboles, seguían todos los movimientos del vendedor. En cuanto lo vieron dormido, bajaron tranquilamente del árbol y abrieron el maletín. Cada uno cogió una gorra, se la puso en la cabeza y se trepó de nuevo a las ramas. Y roncaron, igual que el vendedor. 

Cuando el hombre se despertó por la mañana y se levantó dispuesto a seguir su viaje, vio su maletín vacío, sin ninguna gorra. Empezó a lamentarse y a maldecir desesperado: ¡Dios mío me robaron! Entonces, oyó los chillidos que venían de las ramas de los árboles; alzó los ojos y vio al grupo de monos con las gorras: “Miren quien me robó”. Con los chillidos, empezó a tirar piedras y palos a los monos, pensando que de ese modo le devolverían las gorras. Pero ellos se defendían, saltando de rama en rama. En el colmo de la desesperación, el vendedor se llevó la mano a la cabeza y tiró con rabia la gorra al suelo. Sucedió lo impensado: todos los monos imitaron el gesto de rabia del hombre. Una lluvia de gorras cayó al suelo. Rápidamente recogió las gorras y se escapó lo más aprisa que pudo.

Así como los changos fácilmente imitan lo que ven hacer, así sucede con las niñas y los niños que tratan de imitar a sus papás y a su mayores, por eso muy importante que les demos siempre buenos ejemplos, porque sería muy lamentable que un día llegaran a decir: “me acostumbré desde niño a tener malas costumbres porque lo aprendí de mis padres”.

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