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Entre la Colonia y el México independiente

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Obispo Diego Aranda

• El nombre de San Diego es un homenaje lleno de gratitud

Por Oscar Maldonado Villalpando
  
“Nos, el Dr. D. Diego Aranda, por gracia de Dios y de La Santa Sede, Obispo de Guadalajara, esta diócesis” Inicia su ministerio en 1836. Con dichas palabras empieza la historia oficial de San Diego de Alejandría. No fue este el principio, pues la villa de San José de la Laja, tenía muchos años poblada y trabajando.

El documento menciona la circunstancia: “Por cuanto el Pbro. D. Alejandro Navarrete, cura interino de la parroquia de la encomienda de Jalpa, nos ha expuesto la necesidad en que se hallaban los vecinos del puesto de San José de la Laja, de edificar una capilla en la que podrán celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, suplicándonos al mismo tiempo que le concedamos licencia”… fue el 20 de septiembre de 1837.    El Señor Cura Navarrete había recibido la parroquia de Jalpa el 26 de abril de 1836. En sus tareas pastorales varias veces le tocó atender a enfermos en este pueblo, y dado su desarrollo, empezó a sugerir que convenía hacer un templo en el lugar, así pasó un año, por su parte dos hombres prominentes de la comunidad acogieron la sugerencia con gusto. Un día clave fue la fiesta del Corpus, el 16 de junio de 1937, se formalizó la idea.    

Don Alejandro Moreno y don Pascual Orozco, eran líderes del pueblo, y don Alejandro manifestaba dispuesto a ceder una propiedad para el efecto. Se elevó la petición, junto con atractivas ofrendas, y esa fue la respuesta. Y bien pronto el día 29, fiesta de San Miguel se inició la obra. Se eligió como Patrona, de la naciente Iglesia, a La Inmaculada Concepción, y se formalizó el nombre de la comunidad: San Diego de Alejandría, dejaba de ser San José de la Laja, eso en honor y reconocimiento al Obispo. La razón era que el territorio de San Diego era muy extenso. A los 9 años el Señor Obispo visita el pueblo, se alegró mucho de ver el adelanto en la construcción del templo. Don Diego muere el 17 de mayo de 1953. Es un personaje importante en el mundo de la educación, pues es el 10º Rector de la Universidad de Guadalajara, a él correspondió reconocer las autoridades y el poder del nuevo gobierno independiente.    

El pueblo, con su nuevo templo, reclama más atención pastoral. Económicamente se desarrolla más. En ciertos rumbos se organizan prósperas haciendas. Entre ellas destaca la de San José del Comedero. El último dueño es un hombre visionario. Que llega a ser muy rico, don Juan Nepomuceno G. Valdivia. Él promueve el comercio, es un gran arriero que cruza todo el país. Se transforma en un verdadero potentado.    De él se narran maravillas, tanto, que uno de sus hijos, J. Guadalupe, se hace franciscano y viaja hasta tierra Santa para ejercer su servicio allá.

En la diócesis, hay sede vacante varios años, hasta la llegada de don Pedro Espinoza y Dávalos, que luego sería Arzobispo.  

El mismo tiempo en que se toma el nombre de don Diego para el pueblo, urden que se llame de Alejandría para conservar la memoria del Señor Cura bienhechor, don Alejandro Navarrete, y de don Alejandro Moreno que hizo tanto por el templo, además el Albañil que se echó el compromiso de edificar el templo se llamaba Alejandro Heredia. Por eso salió el nombre como San Diego de Alejandría, don Diego Aranda y 3 Alejandros.


Este nombre que suena especial, es especial porque el expresa el gran valor de la gratitud en las gentes que vivieron en ese entonces.

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