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¡Huy qué miedo!

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Por Gonzalo “Chalo” de la Torre
chalo2008jalos@hotmail.com

Un vampiro de esos terroríficos, se le aparece a una niña y ésta por supuesto se pone a temblar al ver la aparición sedienta de sangre.

Al ver la cara de espanto de la infante, el hijo de Drácula le pregunta:

¡Qué!, ¿te doy miedo?

Y la asustada niña le responde:

No, gracias; ya tengo mucho.

El miedo es compañero inseparable de todos los seres vivos, principalmente del reino animal y en especial del ser humano. No podemos evitar sentir miedo ante situaciones de diverso origen como acciones riesgosas, amenazas de agresión, la oscuridad, las alturas, el agua  el mar, etcétera.

También podemos sentir miedo ante alguna entrevista de trabajo o una reprimenda del jefe laboral o miedo a situaciones desagradables. En fin existen infinidad de motivos para sentir miedo de algo, aún de nosotros mismos.

Es común sentir temor de iniciar algún tipo de empresa cualquiera que ésta sea como un negocio, una carrera, buscar nuevos horizontes en una nueva ciudad que no conoce e incluso puede el miedo llegar a convertirse en verdadero pavor para un varón, el tratar de hablarle a una mujer para intentar conquistarla.

Ciertamente tenemos una infinidad de temores, pero no todos tememos a lo mismo; algunos sentimos miedo por alguna situación y otros sienten temor de otras. Es razonable, pues no todos somos iguales ni sentimos lo mismo. Por esta razón cuando vemos que alguien no teme a algo que nosotros sí, ya lo consideramos muy valiente y es posible que otro nos considere valientes por algo a lo que no tememos.

Sin duda alguna el principal temor de los seres vivos y animados, es sufrir dolor o daño físico o el máximo temor, perder la vida. El miedo a la muerte es inherente a todos, y por eso nuestro instinto de conservación hace que reaccionemos de manera defensiva e instantánea ante peligros reales o imaginarios.

Asimismo los temores más frecuentes, después de los anteriormente mencionados, son el temor al fracaso, al rechazo y a la segregación o discriminación. En muchas ocasiones el temor es sustentado en circunstancias reales en las que efectivamente se ha de sentir temor.

Pero el ser humano tiene la capacidad más que demostrada, de vencer casi cualquier tipo de miedo, cuando su mentalidad es la de analizar situaciones y determina  las acciones en base al raciocinio y los posibles resultados. Ahora entra en acción la facultad de decisión de acuerdo a sus propias expectativas y a sus riesgos calculados. Esa es una forma de vencer el miedo.

Sin embargo el miedo es un gran aliado para nuestra supervivencia y para nuestro desarrollo. El temor nos obliga a tomar precauciones necesarias y convenientes ante cualquier situación y es responsable de nuestra integridad. Si no sintiésemos miedo ya estaríamos sufriendo las consecuencias de una temeridad desmedida y probablemente ya ni viviríamos.

Este que escribe no alcanza a comprender cómo se percibe como algo vergonzoso el que alguien tenga miedo. Se presta a la burla y el escarnio, utilizando frases como miedoso, cobarde, y otros epítetos que pretenden denigrar a quien tiene este sentimiento tan útil. Es verdad que nada con exceso; no hay que temer en demasía.

Recordemos que los valientes no son los que no tienen miedo, sino los que vencen sus propios miedos y corren riesgos calculados en cualquier ámbito de la vida. Todo tiene límites; no hay que tener demasiado temor ni demasiado valor. Hay que ser valiente, pero no pendejo.

Espero no se malinterprete, pero le contaré brevemente, que hacía muchos años este servidor deseaba hacer algo parecido a lidiar un torito o una vaquilla, pero sentía temor de hacerlo. La semana pasada tuve oportunidad de hacerlo y no me atrevía, pues temía. Sin embargo me atreví pues deseaba hacerlo y corrí el riesgo. Con las palabras alentadoras de mis amistades, me armé de valor y enfrenté con el capote a una vaquilla y luego de unos pases nada artísticos, tropecé hacia atrás y caí de espaldas. La mediana res me embistió y mi única defensa fue levantar los pies, donde recibí el golpe con el efecto que me hizo dar una vuelta de campana y por fortuna sin consecuencias. Ese fue mi debut en la tauromaquia.

Luego de un rato me invitaron a enfrentar otra vaquilla un poco más grande y no me animaba. Pero un torero profesional me dio algunos consejos básicos y ya me animé un poco más preparado y el resultado fue mejor que el anterior. Pude vencer mis propios temores, gracias a la ayuda de amigos. Si tiene temores, también tiene amigos. Apóyese y enfrente sus temores.

Andele, no tenga miedo.

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