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La Virgen de Lourdes

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Fue en 1926, en el santuario de Lourdes, en Francia. Era la hora de la bendición de los enfermos. En la explanada había centenares de enfermos recostados en camillas o sentados en sillas de ruedas, bajo la vigilante asistencia de los enfermeros. Entre ellos había un joven en muy mal estado. Se esperaba de un momento a otro su desenlace. Momentos antes había recibido la unción de los enfermos. 

El celebrante empezó a recorrer las filas de los enfermos. Sosteniendo con mano firme el ostensorio con la Hostia Consagrada, se detuvo en cada uno de los enfermos trazando sobre ellos una gran cruz. Llegó el turno de aquel joven. Recibió la bendición con gran esperanza, pero al parecer su esperanza se frustraba. No sentía ninguna mejoría. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, dijo en un tono de sentida queja: “Jesús, no me has curado. Voy a contárselo a tu Madre”. 

Conmovido por esta oración, el celebrante se volvió hacia el enfermo y por segunda vez le dio la bendición con el Santísimo Sacramento. Y el Hijo de Dios puso en acción su poder. Sucedió el milagro. El joven, sintiéndose curado, saltó de la camilla gritando con alegría: “Jesús, Hijo de María, me curaste. Voy a contárselo a tu Madre para que me ayude a dar las gracias”.

Demos gracias hoy a Dios Padre, por todas las maravillas que Él ha derramado sobre nosotros, por medio de María nuestra Madre.

Hay una gran cantidad de historias en las cuales se nos cuenta cómo se han conseguido numerosos milagros por intercesión de la Santísima Virgen María.
Yo desde niño he visto en el Santuario de la Virgen de San Juan muchos testimonios de favores y gracias que se conservan escritos acerca de la intercesión de la Santísima Virgen.

¡No te olvides de pedirle que te cuide!

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