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Los vampiros del presupuesto

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Por Fabiola González Ontiveros
@fabybolita

La verdad, cómo extraño ser una niña, tenía la vida muy resuelta. No tenía que preocuparme por pagar agua, luz, teléfono. No tenía que preocuparme por la gente tonta que constantemente encuentra formas de arruinarte la vida, ni por las malas decisiones que tomaran los políticos respecto a mi ciudad.

Ahora que ya no soy una niña, además de pagar esas cosas de gente adulta, también tengo que lidiar con gente bruta y con los enredos que hacen los políticos. Cuando uno es pequeño sabe quién es el presidente y ya está, los chiquitos no se preocupan por eso porque sus papás se preocupan por darles a sus hijos siempre lo mejor que puedan, sin importar quién esté al mando de la ciudad, el estado o el país.

De unos años para acá, que me intereso en esas cosas, esas decisiones que afectan a la población me provocan un dolor de cabeza tras otro. A veces hasta he llegado a pensar que para algunos políticos es una competencia de varias categorías: Quién se roba más, quién tiene el ego más grande o quién puede joder más a la población, de que los hay los hay. Al final del día esos que lo único que les interesa es el sueldo en lugar de la gente, deben estar sumando sus puntitos y riéndose de todos esos que de alguna manera creen que ellos están para ayudarnos.

Voy a esto: ya sé que van a decir que cómo molesta el 7 días con el Camino a Santa Bárbara, pero es que alguien lo tiene que decir, es una de las gachadas que le hacen los políticos a la ciudadanía. El dinero que ya estaba destinado para darle solución a una de las problemáticas de la gente que circula por esa vía fue arrebatado para llevárselo a otra que se llama Camino al Pinto, para pavimentarlo, para ponerlo más chulo.

En mi ignorancia, tuve que recurrir a Google para saber dónde está ese Camino al Pinto, para encontrarme que es una calle que en realidad no está tan fea, y alegando con la gente que dónde es, que nadie sabe, me dicen que lo que pasa es que hay otro camino al Rancho el Pinto, “pero… pues ahí no pasan muchos carros, ahí hay puras casas de campo”.

Ah, pues ya sabemos entonces dónde está el meollo del asunto. Pareciera más bien una cosa de ricos.

Me acuerdo cuando leí que el director de Obras Públicas había asegurado que en esta administración no iba a haber favores o favoritismos por los más adinerados, que todo iba a ser parejo, evaluando qué lugares necesitaban más atención, y después, cuando tuvo que considerarse la situación del Camino a Santa Bárbara, dijo que ese dinero mejor había que llevárselo a otro lado donde fuera mejor aprovechado, porque en la vía planeada no iba a beneficiar más que a unos pocos, (los del fraccionamiento Juan Pablo II, La Cuesta, San Rafael, Real Marsella, Bugambilias, Fovisste, El Pedregal, o todos los que salen por ese camino al periférico, poquitos nomás), pero al final de cuentas el dinero quedó destinado al Camino al Pinto.

Y luego la gente comenzó a meter su cuchara, a decir que todos queríamos que nos arreglaran nuestra calle, pero que no se puede, que hay que entender que no tienen dinero, que acaban de empezar, que el ayuntamiento todavía tiene que lidiar con los problemas que dejó la administración pasada. Pero el problema no es que se quiera que a fuerzas se arregle esa vía, la bronca es que ese dinero ya estaba destinado para eso y se lo quitaron, al parecer, a la mala. Dice Terrazas que nunca se tuvo el dinero para arreglar la calle, únicamente para hacer el andador. Pues el Camino al Pinto tampoco tenía ese dinero, hasta ahora, que se lo quitaron a Santa Bárbara. Era que si no se podía hacer el andador y la ciclovía que se tenía contemplada, por lo menos lo invirtieran en arreglar la calle, y no llevárselo a otro lado de la ciudad en la que realmente no hay muchos beneficiados.

Muchos de los habitantes de esos fraccionamientos han comentado que a lo mejor lo que se necesita es que se haga una manifestación en el centro hasta que los reciban y los escuchen, recordando la manifestación de esta semana de los que querían que salieran los soldados de la ciudad. 

Esa gente que estaba ahí gritando, en su mayoría eran niños llevados por gente grande, que no saben ni qué onda, y los adultos, la verdad, son de ese tipo de gente a la que no te quisieras encontrar si vas caminando solo en la calle por la noche. En redes sociales una persona me dijo racista por comentar lo anterior, y pues a lo mejor, pero confío en mi instinto y todos esos que estaban reunidos gritando “fuera sardos” no se veían gente de bien, por decir lo menos. Si soy racista, bueno, pues ni modo.

Claro que esa gente no quiere a los soldados aquí, les estorban para seguir haciendo de las suyas. O qué, ¿a poco creen que fueron por su propia voluntad?, a todos esos los mandó algún mafioso, alguno de esos que los soldados están buscando, si ellos no están aquí de a gratis.

No hay que ser ingenuos, no hay que casarse con la idea de que un político u otro sí va a trabajar por nuestros intereses, yo lo siento por Hugo Bravo, porque realmente él es una buena persona y se ve que le importa su gente, pero algunos de los políticos que siempre andan merodeando los ayuntamientos nada más son vampiros del presupuesto, y esos son los que joden a la población al buscar únicamente sus intereses. Una sola buena persona está difícil que pueda contra generaciones y generaciones de vividores del erario público.

Viernes, 6:00 pm: Después de publicar en línea esta opinión, el alcalde se comunicó conmigo para explicarme que así no fueron las cosas, que en realidad no se le quitó a lo gacho el dinero al Camino a Santa Bárbara y que no todo es tan mala onda como yo lo estoy pintando. Muy amable él, me invitó a que nos sentáramos a platicar para aclarar mis dudas, así que seguramente la siguiente semana les voy a contar la otra versión, porque sin duda toda historia tiene dos versiones, y para formarnos una opinión más completa y correcta necesitamos ambas, así que en la próxima edición les digo cómo me fue.






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