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Salud pública

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Casi todas las semanas en estas páginas se escribe acerca de un accidente causado por el alcohol, donde el responsable termina muriendo, pero muchas veces mueren inocentes junto con él o bien el responsable sigue vivo y como si nada y en cambio se llena de luto una familia que nada tenía que ver con la forma de beber tan irresponsablemente de alguien más.

Vaya problema de salud pública los accidentes o incluso enfermedades causados por beber demasiado.

Sin embargo a nadie parece importarle el tema. Las autoridades municipales por un tiempo estuvieron implementando el famoso alcoholímetro, que dio algo de resultado, no el que se esperaba pero sí inhibió un poco el consumo de alcohol entre los jóvenes que decidían ir a un bar o una fiesta los fines de semana.

Se hizo de todo para evitar los puestos donde había alcoholímetro en Tepa, como avisarse entre los mismos consumidores donde había un punto de revisión, por distintos medios, sobre todo las redes sociales y hasta los mismos propietarios de los bares daban el “tip” de donde había alcoholímetro. Un encargado de uno de estos establecimientos una vez me increpó estúpidamente por haberlo criticado cuando se dedicó a avisar a sus clientes que ya estaba el alcoholímetro afuera de su establecimiento; entre otras cosas me espetó que no es que estuviera él en contra de dicha medida, pero que tenía que ganar dinero y mantenerse y que si yo le podía pagar al mes lo que él ganaba vendiendo embriagantes, en ese momento dejaba de venderlos…

Además mostró poca sensibilidad respecto a las personas que habían muerto en un accidente luego de salir de su bar embriagadas, argumentando, o más bien sin poder argumentar nada y diciendo solamente que qué podía hacer él…

La cosa es que en tiempos de alcoholímetro, los jóvenes se avisaban del mismo o se iban a algún lugar a tomar alcohol, como una casa o un rancho, lejos de los puntos de revisión.

También influyó que los policías encargados del operativo muchas veces se condujeron con discrecionalidad, echando a perder el fin del programa y causando el enojo de la gente por sanciones que consideraron injustas al no haberse actuado como marcaba el protocolo.

Pero mal que bien muchos vieron con buenos ojos el alcoholímetro en Tepa, pero desapareció un buen día. Esto fue en la pasada administración municipal y la actual por el momento no ha retomado el programa ni ha avisado que lo vaya a hacer próximamente.

Pero esto del alcohol y el volante, pese a las muertes que causa, parece que a nadie le interesa combatirlo, ni a las autoridades que tienen que gastar recursos públicos cada vez que sucede un percance de este tipo y bien podrían aprovecharse en cosas de mayor provecho, ni los familiares o allegados de la persona que toma y después conduce un vehículo; como nadie vislumbra una situación donde haya muertos y heridos a causa de las copas de más y por eso no hace nada por prevenir, aunque luego lamenten la pérdida humana.

Y así hemos visto que, cuando muere alguien a causa del alcohol, sobre todo si es una persona joven, lamentarse sus familiares y amigos por la pérdida, asegurando que era una alguien súper divertido, buena onda, con mucho futuro y la vida por delante, buen amigo, esposo, novio, hermano, primo o lo que fuera y que todos lo recordarán por lo valioso que era.

Algunos van más allá y hasta dicen que Dios necesitaba un ángel y por eso mandó a llamar al borracho occiso. ¿De verdad Dios necesitará a alguien que le guste emborracharse? Qué estupideces dicen algunos en ocasión de un ser querido muerto por haberse puesto hasta las chanclas.

Escuché a alguien decir, cuando falleció uno de sus amigos por haber salido totalmente fumigado de las “coquitas” de San José de Gracia, que todos recordarían y extrañarían al difunto porque era muy alegre, le gustaba la música de banda y siempre se disparaba las chelas, no importando si no conocía a todos los que se encontraran en el bar donde él estuviera.

Entonces, los amigos y familiares, ven a alguien que le gusta tomar y que irresponsablemente lo hace antes de manejar un vehículo y no le dicen nada, nadie hace nada por prevenir una potencial tragedia.

Ahí está entonces ese problema de salud pública, donde muchos jóvenes mueren alcoholizados, jóvenes que pudieron seguir viviendo y tal vez ser personas de bien y responsables, pero ya no fue así y los que estaban cerca de él sólo pensaban en lo buena onda que era y nunca le dijeron nada, pero ya muerto siguen diciendo que era buena onda y enseguida ponen en su Facebook que Dios necesitaba un ángel bueno, como si el alcohol y una muerte brutal reprogramaran un alma y la volvieran buena o por lo menos no estúpida.

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