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A la Virgen de Guadalupe en nuestra evangelización

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Por Oscar Maldonado Villalpando

María Estrella de la Primera y Nueva Evangelización.

María aparece por primera vez en el Evangelio de San Juan invitando a cumplir la voluntad de su Hijo pronunciando estas palabras: “Hagan lo que Él les diga” (Jn. 2, 5).

En nuestras tierras, después de una dramática conquista al Imperio Azteca por parte de los españoles, entre 1523 y 1531 tan solo había alrededor de 40 misioneros, con un corazón entregado a la evangelización.

Pero, ¿cómo poder anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, el Dios del Amor, si los conquistadores que se llamaban “cristianos” no vivían lo que predicaban?, ¡cuando la población indígena fue diezmada por las enfermedades que traían los conquistadores, cuando les prohibían ofrecer sacrificios humanos y pensaban que sus “dioses” los habían abandonado! ¡Eran tan solo un puñado de misioneros y la Primera Audiencia bajo pena de muerte les prohibía a los indígenas acercarse a su obispo que era su protector, o peor aún, cuando un soldado intentó asesinar al mismo Obispo Zumárraga¡ ¿Cómo poder evangelizar con tantas adversidades? Ante esta situación de impotencia, el obispo Fray Juan de Zumárraga, el 27 de agosto de 1529 le escribe al Rey de España informándole de todas las injusticias, suplicando por estas tierras, diciendo que “si Dios no provee, con remedio de su mano, está la tierra en punto de perderse totalmente”.

En este contexto, poco favorable para los misioneros y donde la cabeza de la Iglesia en México pide auxilio divino, interviene Nuestra Señora de Guadalupe, quien no sólo vino a quedarse con nosotros sino que vino a traernos a su Hijo, al Dios verdadero por quien se vive.

Ya no es un Dios lejano, como lo concebían los indígenas. Ahora es un Dios cercano que les pide hacer una “casita sagrada” en la colina del Tepeyac, y que a través de su Madre, Santa María de Guadalupe, su Hijo Jesucristo, Luz de las naciones, viene a vivir con nosotros para mostrarnos su Amor. Ya no es el hombre el que necesita ofrecer sacrificios humanos para alimentar a sus “dioses”, ahora es Dios que se hace hombre y se ofrece como sacrificio humano para alimentarnos con su Carne y con su Sangre.

Santa María de Guadalupe nos trae un mensaje Cristo céntrico, al “Sol que nace de lo alto” para iluminar la evangelización de este continente, haciendo una perfecta inculturación del Evangelio purificando y tomando todo lo bueno de la cultura indígena que ya tenían en su corazón por las “semillas del Verbo” para conducirlos al Dios único y verdadero.

El obispo Zumárraga en 1539, diez años después de haber pedido auxilio divino, le vuelve a escribir al rey de España con otra perspectiva lleno de alegría y esperanza después de ver la conversión del corazón de millones de indígenas que pedían la fe y el bautismo diciéndole: “Y pues Vuestra Majestad –dice el obispo- desea tanto como todo el mundo lo sabe, la reformación de la Iglesia universal y confiamos en Dios los que hoy vivimos que se ha de alcanzar y comience aquí desde las indias y de esta particular Iglesia de México, porque quizás quiere y ha ordenado Dios que desde acá la dicha universal reformación se haya de comenzar” (¿No es esta la semilla de La Nueva Evangelización de nuestro Objetivo General Diocesano?)

Así, María es la primera misionera y estrella de la evangelización que nos conduce hacia su Hijo que es el camino, la verdad y la vida.

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