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Misericordes sicut Pater Misericordiosos como el Padre

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Por Francisco Morales González
3° de Filosofía, Seminario Mayor

El Santo Padre Francisco convocó en Roma el pasado 11 de abril, vigilia de la Divina Misericordia, un  Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, que dio inicio en la basílica de San Pedro el 8 de diciembre del 2015 y concluirá el 20 de noviembre del 2016, en la fiesta de Cristo Rey del Universo; en su Bula Pontificia  Misericordiae Vultus  nos recuerda que “la misericordia es la viga maestra de la Iglesia” y “ante la gravedad del pecado Dios responde con la plenitud del perdón”, porque la Misericordia es el encuentro de Dios con el hombre. Por tal motivo, el domingo 13 de diciembre el Sr. Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, abrió la Puerta Santa de la Catedral y cruzó el umbral de la de la misericordia junto con miles de fieles que acudieron al llamado.
En su homilía el prelado metropolitano, exhortó al pueblo de Dios a estar siempre alegre “porque ¡está por llegar nuestro Salvador!, este debe de ser el motivo auténtico de nuestra alegría en este tiempo y en toda nuestra vida cristiana”. Para que nuestra alegría sea verdadera debemos preparar el terreno al Señor mediante “un cambio de vida, una conversión de nuestros pensamientos, de nuestros criterios, de nuestras acciones; tenemos que convertirlas al amor, a la justicia, a la misericordia… por la gracia de Dios... la auténtica alegría cristiana proviene de un cambio, de una conversión, y en la medida en que nosotros cambiemos, nos convirtamos, experimentaremos cuanto nos ama Dios, cuanto nos ama Jesucristo, y cuanto viene dispuesto a darnos todo lo que necesitamos para que nuestra peregrinación en esta Tierra no se desvíe, no se detenga sino que nuestra peregrinación sea definida en la dirección de la vida eterna, la alegría proviene de la certeza que tenemos de que el Señor Jesús viene a salvarnos”.

El Cardenal Robles afirmó que con la apertura de “la puerta de la misericordia hacemos un acto de fe, una confesión pública… La puerta de nuestra salvación y la puerta de nuestra verdadera felicidad es Cristo, el rostro Misericordioso del Padre… en Cristo hemos nosotros visto, escuchado, experimentado cuanto es misericordioso el Padre: con los pecadores, con los enfermos, con los despreciados, con los humildes, con los muertos; con todos se ha manifestado misericordioso Dios nuestro Padre, en la Palabra y en la acción de Jesucristo”.

En este año de gracia, la Iglesia universal se reviste de gozo y esperanza al saber que tiene un Dios cercano y misericordioso que sale al encuentro de las ovejas perdidas, porque Cristo no ha venido al mundo para llamar a los justos, sino a los pecadores; es una gran oportunidad para que todas las ovejas se acerquen el redil del Buen Pastor.

Jesucristo es el amor misericordioso del Padre, Él ha venido a salvarnos; sólo falta que aceptes la salvación en tu vida. Nunca es tarde para acercarse al perdón de Dios y cambiar de vida mediante el sacramento de la confesión, porque “eterna es su misericordia” (Salmo 136). La iglesia abre sus puertas de “par en par” hace una gran fiesta para acoger a todos aquellos que se sienten desconsolados, incomprendidos y olvidados; recordándoles que Dios tiene un corazón de Padre para todo aquel que se acerca a Él con entera confianza y esperando su perdón.


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