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Ciudad de humo

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Por Fabiola González Ontiveros
@fabybolita

Qué mala época para tener nariz en Tepa. Qué friega es tener que respirar todo el santo día el aire de nuestra ciudad.

Ocho incendios de pastizal el domingo, otros ocho el lunes, trece el martes y nueve el miércoles. Escribo en jueves así que no sé cuántos van a ser hoy, pero 38 incendios en cuatro días me parece increíblemente absurdo. No porque crea que las cifras están mal, sino porque no me entra en la cabeza cómo la gente sigue haciendo esto por costumbre.

Pues qué costumbre tan ranchera.

El domingo, buscando un lugar para comer, me di cuenta que la ciudad entera estaba llena de humo, incluso, por el rumbo de la nueva clínica del IMSS (que ya ni es tan nueva, pero es la más reciente, pues), había un punto en el que ni siquiera se podía ver de tanta quema a diestra y siniestra.

La resequedad de la nariz, la comezón, el lloriqueo de los ojos por el humo, la piel se parte tanto que a veces me da el ataque y quiero aventar los pantalones para poder rascarme las piernas, que ni la crema más potente nos protege de esto que las quemas de pastizales causan.

Es una mala época para las alergias. Ya sé que en otros tiempos la gente aguantaba de todo y últimamente los humanos somos unos blandengues con alergia (con tanto incendio) hasta del aire que respiramos, pero así es ahora.

Me levanto en las mañanas y huele a humo. Me acuesto en las noches y huele a humo. A media tarde siento los ojos tan cansados, por el humo. La ropa se llena de cenizas. No veo la hora de que se acabe este martirio.

Yo sé que es más fácil para la gente de campo echarle un cerillazo al baldío que agarrar el machete, el problema principal es que prenden el fuego y ya está, nadie lo cuida, y al rato ahí andan los bomberos porque otro incendio se salió de control. ¿Será que por eso no les apura comenzar el fuego, porque ya saben que luego alguien reporta a Protección Civil y vienen los bomberos a limpiar su desastre?

Por eso estas fechas son mis menos favoritas del año, a muchos se les hace fácil hacer esto por su costumbre ranchera, y ahí andamos pagando todos las consecuencias, niños y ancianos que de por sí son los más propensos a las enfermedades respiratorias con el frío y el viento, encima tienen que estarse cuidando de los incendios, pero qué se cuidan, si eso no lo podemos evitar; con el frío y el viento como quiera se tapa uno para prevenir enfermedades, pero con los que prenden sus pastizales qué le hacemos.

No me quisiera resignar, no me da la gana pensar que estamos estancados y que así tienen que ser las cosas porque de esa manera han sido desde hace muchos años y nadie se atreve a cambiarlas, pero tenemos que ser capaces de evolucionar y pensar en el daño que se le hace a los demás con esta clase de acciones, tener un poquito de conciencia ¡chihuahua!.

Esas autoridades, que han dicho que ya es tiempo de dejar de quejarnos y proponer soluciones, pues órale, a proponer, den el paso al frente y piensen cómo convencer a la gente de usar otros métodos para limpiar sus predios, o enséñenlos a controlarlos, a hacerse responsables de lo que provocan. ¿Multas, tal vez? 

Sé que no soy la única que está hasta la coronilla de ver negro a Tepa estos días, pero mientras las autoridades no ayuden a controlar la situación o nos digan cómo podemos ayudar nosotros, muy tristemente lo único que nos queda es esperar el cambio de estación, a ver si llega una que otra lluvia y la gente deja sus instintos piromaniacos atrás.

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1 comentarios

  1. Muy de acuerdo con usted señorita, vivir en la penumbra y la asfixia a la que se ve sometida nuestra bella urbe resulta ser un castigo para inocentes, que nos vemos sometidos a los bajos instintos de piromanos, que siendo honestos "solo quieren ver arder el mundo" como diria sierto mayordomo. La mayoria de los predios que se incedian durante esta época no son explotados por la industria ganadera o agricola, algunos como el que se encuentra frente al cruce del boulevard y el circuito interior solo estan ahi a la espera de ser urbanizados, aún asi cada año se transforma en un paramo negro. La solución esta conformada por dos acciones, ubicar y apresar a los amantes de las llamas, y la exigencia por parte de las autoridades hacia los dueños para que sean responsables de sus propiedades.

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