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Cositas diversas en Ixtapa

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Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

Otra vez mi compadre el nayarita. Sí, el trailero ese anda por acá en mis ocurrencias. ¡Qué le vamos a hacer si es tema de varios comentarios!, es de un humor que aunque ande con un chingo de problemas, él de todas formas sonríe ante la vida y nada se le atora; siempre encuentra una solución a sus broncas y en eso tiene mucho que ver su esposa, mi cuñada por cierto, que aunque lo regaña, a él le vale maíz y lucha por conseguir para su familia lo que necesita.

Bueno, hay algunas anécdotas de esos viajes largos en los que pasa del frío de los Altos de Jalisco, a los muy cálidos climas costeros de Colima y Guerrero. Ya le he platicado que él transporta agua de coco natural, pasteurizada y enfriada a dos grados en uno de esos transportes llamados “pipas”, de grado alimenticio que deben tener unas características muy específicas para el trasiego de alimentos (apenas hace poco tiempo supe por qué se les dice pipas;  son prácticamente un tubo y en inglés se traduce como “pipe”, de ahí la consabida e inevitable deformación de nuestro lenguaje por las influencias de las gringaderas).

Bueno, el caso es que el trailero nayarita ha tenido varias anécdotas con agentes de ese cuerpo policíaco que vela por nuestra seguridad en las carreteras del país, la policía federal. Su manera de ser tan alegre, bromista, carismática y aparentemente despreocupada, le permite que sus comentarios y ocurrencias jocosas sean bien aceptadas por sus interlocutores.

En uno de sus frecuentes viajes en los que debe conducir prácticamente sin escalas, pues tiene un plazo de ciertas horas para llegar a su destino y entregar la carga porque se trata de un producto perecedero, al trasponer una de las casetas de cobro en la autopista Siglo XXI, un policía federal le hizo la indicación con la mano, que se detuviera para una inspección de esas llamadas de rutina. Detuvo su vehículo, más largo que la cuaresma y se dio un diálogo más o menos así: El agente le preguntó su destino y la carga que llevaba. Mi compadre le respondió que llevaba agua de coco a la ciudad de Celaya. Como que el agente no le creyó pues le respondió: ay no m...ás eso me platicas. Y mi compadre le reviró: sí, de verdad es agua de coco natural y si supieras a dónde y para qué la llevo te sorprenderás aún más. ¡Adió! dijo el gendarme, pues ¿para qué es? Se la llevo a un señor de mucho dinero que va a hacer un fiestón y van a llenar la alberca con agua de coco; la pipa que viene atrás está bien llena de ginebra. Imagínate la fiestecita.

El federal nomás soltó la risa y le dijo: ya no me entretengas, cuál fiesta ya vete, ándale, y no seas mamila. Obviamente era un agente que tenía eso que muchos no tienen: sentido del humor.

En otra ocasión le acompañé a uno de esos viajes hacia ese paraíso del sur llamado “la costa grande de Guerrero”, hacia Ixtapa- Zihuatanejo (donde estoy escribiendo esta ocurrencia) gracias a la generosidad de mi compadre, de su patrón que permite que me traiga, de mi hija y mi yerno que me proporcionan el hospedaje y alimentos. Pues sucede que al ir circulando por el libramiento de la fresera ciudad de Zamora, uno de los dos federales que se encontraban a la orilla de la carretera le hizo la consabida seña que se orillara a la orilla, y unos metros más adelante, donde cupiera sin peligro la pipa, se estacionó, puso sus intermitentes, se apeó y se dirigió a uno de los agentes, que no era el que le hizo la indicación de que se detuviera, y yo me quedé en la cabina del tractor y por el espejo retrovisor vi que saludaba al agente y le entregaba algo en la mano; no vi ni sé qué le entregó, pero ese agente le preguntó: ¿y a ti quién te paró? Mi compadre le respondió: pues tu compañero. En eso se acercó el agente que sí le indicó que se detuviera y le preguntó a mi compadre: ¿Y ora tú porque vienes con él si yo te dije que te pararas? Ya el nayarita simplemente contestó: Miren, ahí sus problemas conyugales ustedes se arreglan, yo ya me voy. Y ambos se quedaron con una sonrisota en sus labios. Cosas de la gente carismática.

La realidad es que los transportistas pocas veces pueden acompañarse de su familia, pues hay patrones muy quisquillosos que les vale el lazo familiar, por lo que llevan una vida muy solitaria, y si no fuese por esa solidaridad natural entre colegas, su trabajo sería algo muy cercano a lo insoportable.
Por cierto, desde Ixtapa les mando un saludo con el calorcito sabrosón, acabando de ingerir la cena navideña, deliciosa, sazonada con el sabor de la convivencia familiar. No es necesario gastar mucho en la cena ni que sea muy sofisticada. Mire, preparé la cena con treinta pesos de jamón, un jitomate, una salchicha, un poco de cebolla en rodajas y quince pesos de queso seco, además de una latita de salsa del pato y una pasta con un poco de carne molida a la boloñesa que nos quedó… de-li-cio-sa. No gastamos ni cien pesos para ocho personas y resultó una cena navideña, en la memoria del nacimiento del redentor, que tenía el valor de la buena voluntad y la unión familiar. Eso es una bendición.

Su imaginación en la cocina tiene sabor. Sabor de familia, de Navidad, de amistad, de cosa buena, pues.


Ixtapa-Zihuatanejo es hermosísimo, accesible en sus precios, la gente es amable, hospitalaria. Venga por los caminos del sur, hasta Guerrero. Le agradará.

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