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El sacerdote es de Cristo para la Iglesia

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Por Oscar Maldonado Villalpando

Así fue el ejemplo de Monseñor Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez
  
Del templo terrenal, en el Sagrario Metropolitano, al templo excelso de la Gloria de Dios. Así sucedió el domingo 7 de febrero de 2016, porque Monseñor Ramiro celebró la misa de 6 de la tarde, se sintió mal y en menos de dos horas había fallecido. De este altar, al del cielo.

Hoy las campanas de la Catedral tapatía han doblado por él, la misa exequial fue a las 9.30 del martes 9. Más de 150 sacerdotes se presentaron y mientras la fuente, que da al centro de la gran puerta de la Catedral, lanzaba su caudal al viento, al viento bullidor y fresco, por el umbral entraba la frescura del agua cristalina transida de luces, dentro de la Catedral era una fiesta de gratitud y de luz por el hermano fiel y celoso pastor. Más de sesenta años de entrega ministerial y 84 de vida, hoy fueron entregados al Creador por esta Iglesia de Guadalajara.
  
De su vida y de su tierra
  
El 3   de marzo de 1916 San Cristóbal Magallanes bendijo en Villa Guerrero el matrimonio de dos esposos cristianos, don Ramiro nació de ese matrimonio el 15 de septiembre de 1931, en Totatiche, ese fue el año Guadalupano, por eso todo niño o niña llevarían el nombre de la Reina de México, así fue con Ramiro. Ingresó al seminario auxiliar de Totatiche y, al pasar a Guadalajara, le tocó ser itinerante un tiempo, luego vivir en San Sebastián de Analco, estrenar San Martín, el mayor en su tiempo, y estrenar el seminario mayor de Chapalita en 1950. Llegó el año de 1954, la carrera terminó, pero Ramiro no podía ordenarse por corta edad, cuando el neo-sacerdote Salvador Zúñiga que falleció el 23 de diciembre p. p.apenas, fue destinado a Ameca, Ramiro fue asignado como diácono, y cumplida la edad, fue ordenado el 24 de septiembre de 1955. A finales de octubre de 1955 llegó a su primer destino en San Julián Jalisco, por 11 años, ejerció una labor magnífica en la educación de este pueblo, y en todos los matices de la vida parroquial, muy estimado, muy recordado. Luego crecieron sus responsabilidades como párroco en Ameca, en templo del P. Galván, en el Sagrario Metropolitano hasta su fallecimiento.
  
Servicios diocesanos
  
Le estaba reservada una misión extraordinaria como Vicario General de la Arquidiocesis, como fiel y bondadoso colaborador del Emmo. Señor Cardenal Juan Sandoval y, un tiempo del Emmo. Señor Cardenal Francisco Robles. Con un espíritu de servicio admirable ejerció su labor, llevando amistad y buen trato con el Presbiterio.
  
Frutos perdurables de su santidad
  
Se involucró totalmente en la vida de nuestros mártires, fue parte muy importante en ese proceso, fruto de nuestra historia de fe. Conocedor de los detalles de la vida de nuestros mártires. Trabajó celosa y eficazmente en esta Comisión.

En este funeral presidió el Señor Cardenal, Arzobispo Francisco Robles Ortega, acompañó y predicó el Señor Cardenal don Juan Sandoval Iñiguez, y concelebraron los Señores obispos Juan Humberto Gutiérrez Valencia y Rafael Martínez Zainz y tantos sacerdotes y fieles de distintos lugares donde don Ramiro ejerció su ministerio. Un verdadero acontecimiento eclesial.

Al centro del presbiterio, frente al altar yacía el féretro, cubierto con las insignias sacerdotales. Se pudiera decir que don Ramiro ha sido en mucho tiempo un pilar de esta iglesia, como lo son las diez monumentales columnas de la santa Catedral Metropolitana, que ha surcado los años y ha concentrado la vida religiosa del occidente mexicano.

Hoy concluye el el peregrinar de un buen sacerdote, destello e instante en la galaxia de la Historia de la Salvación. Es lo que nos ha tocado vivir, por gracia de Dios. Dijo el Cardenal don Juan, que es mucho lo que esta Iglesia debe a este sacerdote. Fue una celebración colmada de devoción y de cariño, una auténtica Eucaristía, que el P. Ramiro ofreció tantas veces, y que a todos nos llama a cambiar, a hacer lo que celebramos.


Llegó el final de la misa y los obispos, los canónigos en pleno, representando a la asamblea, rindieron honores eclesiásticos a los restos de Monseñor, derramaron el agua bendita, le ofrecieron el incienso ritual. Y luego fue conducido por la gran nave central acompañado de tan solemne cortejo, de este esplendido acompañamiento esperamos que sea recibido en el séquito del Rey Eterno.

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