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Guerra de las vanidades

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 A casi cinco meses de la administración de Tepatitlán aún no logran cuajar el proyecto de gobierno que, se supone, plantearon en su plataforma y tramaron después del triunfo electoral y previo a su toma de protesta en Octubre pasado.

 A salto de mata salen obras de bacheo, acuerdos al vapor, ocurrencias y mucha, mucha pachanga.

 La reunionitis, la juntitis y las sobadas de lomo vecinal sobre temas que aquejan a la población son, de nueva cuenta, el pan de cada día.

 El añorado presupuesto de obra que esperaban las autoridades a partir del mes de enero no llegó… y a ver con qué les salen ahora los del gobierno federal tras el anuncio del “recorte anticipado” del presupuesto 2016 que hizo el Secretario de Hacienda.

 La nota diaria, desde el Gobierno de Tepatitlán, pareciera ser la trivialidad, el saludo, la visita de cortesía, la ceremonia. Pero la sustancia del plan de gobierno aún no se asoma.

 De hecho, los señalamientos por corrupción policíaca siguen apareciendo. La falta de atención a la recolección de basura (aunque anunciaron supuestas sanciones) sigue. Qué decir de las lámparas apagadas en muchas calles de la ciudad.

 Los caminos rurales que se reparan, huelen a favores electoreros, igual que se hacía en otras administraciones. Y qué decir de los contratos o concesiones.

 Ya hasta el certamen y la feriabril serán bajo el esquema odioso de favoritismos, como se hacía en otros años y con otros partidos políticos.

 Es más, el mimetismo llega a tal grado que, hay funcionarios que se sienten tanto o más influyentes que el alcalde mismo, aún y cuando Hugo Bravo sigue siendo popular y populoso. Hasta en eso se parecen los flamantes “funcionarios ciudadanos”.

 Si el poder les hace sentir grandeza, baste recordarles a los actuales funcionarios que sus jefes, los ediles, fueron electos por tres años y ellos, por el mismo periodo o por menos.

 Cayó el PRI hegemónico. Cayó el PAN rentable y, de seguir así, no le dejarán más opción al elector que desechar también esta ola naranja que, se suponía, sería diferente.


Cuando hay tantas cosas por hacer para que el pueblo trascienda, la mayoría de los funcionarios se empeñan en seguir con su guerra de vanidades, de frivolidades.

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