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La visita papal desde el corazón de la Diócesis

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Por Eduardo Ramírez Mariscal,
Seminario de Guadalajara.  
1° Filosofía

¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz! (Is 52,7) igual que un mensajero ha venido a México, el Romano Pontífice siguiendo el ejemplo de la morenita del Tepeyac   va con sus  hijos necesitados, ambos son misioneros de la misericordia y de la paz.  

En estos días pasados el Santo Padre ha traído un mensaje de paz, de misericordia y a la vez de  aliento al pueblo azteca que tanto lo necesitaba en medio de estas aguas turbulentas de los  problemas de cada día; Su Santidad ha sabido como puntualizar la cruda realidad del país.

Pero también ha venido como padre que ama y que comprende a sus hijos; de la misma manera  que todo padre que ama a sus hijos, nos ha querido poner el ejemplo al visitar a «la madre del  verdadero Dios por quien se vive», para que nosotros nos confiemos a   sus pies, pues ella misma  nos dice «¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿no estas bajo mi regazo?

Una de las grandes enseñanzas que nos deja, fue en el momento que el Vicario de Cristo después  de su homilía en la basílica, pide una silla y contempla por aproximadamente 6 minutos la tilma de  San Juan Diego, instantes después también se quedó en oración con la Reina de México y  Emperatriz de América;   en este sencillo signo nos enseña a ir con la madre en estos  momentos difíciles que decidirán la historia futura de nuestra nación.

Desde el pasado octubre en que se anunció la venida del Papa a nuestro país se causó mucho revuelo de las opiniones e incluso división entre la población; desde el que se alegró por su venida hasta los que hicieron resurgir el pasado próximo   de la iglesia  en México, pero si las persecuciones a lo largo de la historia no acabaron con la iglesia, menos  unos comentarios en los medios de comunicación podrán acabar con ella. Desde que llegó el Papa, se sintió  la presencia del enviado de Dios en todo el territorio nacional.

Su mensaje ha sido claro y sin ambigüedades; no ha venido a enseñar   nada nuevo sino a recordar que debemos vivir en la caridad. En el seminario se vivió de manera   jubilosa, pues  seguimos de cerca los diferentes momentos en que el Sumo Pontífice dirigió su palabra al pueblo  En el momento que su Santidad dirigió su mensaje a los seminaristas, los que no pudimos asistir al encuentro en Morelia, estuvimos atentos   para escuchar el mensaje que fue sencillo, pues podemos resumirlo en   dos puntos: la oración como punto de partida de todo, esta reflexión fue  con la oración que el Divino Maestro nos enseñó, con las palabras «Padre nuestro»,   las explico con el vocablo purépecha «Tata» que sería lo mismo que el «Abba»   del Evangelio, es  decir,   una invocación amorosa al Creador. Y habló de una tentación común: la resignación que es «una de las armas preferidas del demonio», dijo el Santo Padre.


Como seminaristas esperamos que esta visita del Vicario de Cristo no se quede solo en el papel, sino  que sea efectiva en la realidad que vivimos y así podamos preparar de manera conjunta   una  realidad mejor para las generaciones posteriores para que la violencia sea solo un mal recuerdo.

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