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Dar la vida por los demás

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Dos mujeres, presas en la comisaría, eran torturadas. En la calle se oían sus gritos: ¨¡No me peguen! ¡No me peguen!¨ 

El obispo de Sao Félix, Don Pedro y el padre Juan Bosco estaban de visita en la ciudad. Al enterarse de lo que pasaba, decidieron ir allá para ayudar. Dos cabos y dos soldados los recibieron con insultos y groserías. Se intentó un diálogo sereno, pero en vano. 

Cuando el sacerdote amenazó con contar aquellas arbitrariedades a sus superiores inmediatos, uno de ellos le dio una bofetada y, a continuación, un tiro de revolver en la cabeza. Llevaron al sacerdote al Instituto Neurológico, pero todo fue inútil, la bala era explosiva y estalló en el cerebro. Lo impresionante fue que el padre pudo hablar durante más de dos horas con los que le acompañaban. Fue una agonía profundamente cristiana. Ofreció repetidamente su vida por los indios, por el pueblo y por los perseguidos. Imitando a Jesús agonizante, dijo: ¨Don Pedro, hemos cumplido nuestra tarea¨... Murió invocando a Jesús. 

Dar testimonio del Evangelio de Jesús comporta muchas veces sufrimiento y martirio. Con su fuerza podemos librar la batalla entre el bien y el mal, y permanecer fieles a Cristo en medio de de un mundo que a veces se muestra claramente contrario a su Evangelio, y dar testimonio de Cristo en nuestro ambiente, siendo de palabra y de obra fieles a su estilo de vida y a sus convicciones.

Cuando nos damos cuenta de tantas injusticias que se cometen en el mundo,no deberíamos callarnos, porque nos convertimos en cómplices de los que obran el mal.

Tenemos que ser valientes como aquel sacerdote que exigiendo justicia perdió la vida y como tantas otras personas que han sido verdaderos mártires en defensa de la verdad y de la justicia.

¡Seamos valientes!

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