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Embrujo de particulares

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Durante muchos años hemos venido escuchando una suerte de anécdotas, rumores, historias o ficciones alrededor de lo que pasa en los despachos contiguos a las alcaldías. Particularmente en Tepatitlán, los corrillos suelen ser divertidos.

Obviaremos nombre de quienes han estado sentado en escritorios en la antesala del alcalde o alcaldesa en turno. No quisiéramos alusiones personales, tampoco deseamos omitir a quienes hicieron su parte para pasar a la historia en su trienio correspondiente.

Lo que viene ocurriendo en la actual administración de Tepatitlán, con la llegada de un equipo novel, trae medio preocupados a unos y divertidos a otros. Se dicen una cantidad impresionante de cosas que pasan en la oficina y, especialmente, en el escritorio del Secretario Particular del alcalde Hugo Bravo.

Le adhieren al funcionario una larga lista de anécdotas en tan solo cinco meses. El choque de un auto durante un fin de semana, sin autorización ni asunto por tratar de manera oficial, es sólo un tema –nos dicen-. “Escárbale para que encuentres sorpresas”, me sugieren.

La verdad es que no sorprende lo que haga o pueda hacer quien ahora ocupa ese cargo. Por alarmantes que sean las cosas que ocurren en ese escritorio.

No sorprende porque, cuando supimos de algunos señalamientos, nos dimos la oportunidad de hacer un recorrido en las memorias de lo que ha pasado en los últimos treinta años: la historia es la misma, pero con diferentes apellidos.

Baste con recordar de qué se le acusó a los alcaldes de los noventas.

Los cambios que se registran en ese escritorio en cada trienio. Panistas, priístas y ahora los naranjas. Les ocurre lo mismo: el alcalde se torna inaccesible, todo se filtra por quien es su secretario particular. Se le acusa de querer imponer criterios cuando legalmente no tiene facultades. Se le apunta con dedo flamígero porque no le pasa la información al primer edil, porque manipula la agenda o porque hace llegar hasta el escritorio más influyente de Hidalgo 45, los formatos que considera tienen prioridad. ¿Y los regidores?, ¿Y el Síndico?, ¿el Tesorero, Secretario, Jurídico?, -Nada. Nadie tiene el poder del Secretario Particular.

Eso se dice. Eso se ha dicho.

Y que no se mortifiquen quienes ahora se dicen ofendidos, desplazados o ignorados por el Secretario Particular del Alcalde. A los anteriores presidentes les ha ido como en feria, debido, en gran medida, a quienes tuvieron esa posición, pues lleva las mieles del poder ejecutivo, el real, el aplicado; pero no paga por la imagen pública. 

El Secretario Particular es una suerte de presidentito, el “mini mi” del alcalde o alcaldesa, con las mismas prerrogativas, pero sin los mismos riesgos.

Todo el poder. Toda la información. Toda la agenda, toda la estrategia, pero ni un solo riesgo.

Si algo sale bien, es el alcalde quien recibe los aplausos. Si sale mal: el mismo pagano. O los regidores o los funcionarios, pero nunca el Secretario Particular.

¿Alguien ha sabido de un juicio social o político hacia alguien que haya desempeñado dicho cargo?

Yo no. Aunque he visto cómo algunos de ellos pasaron del absolutismo a la ignominia.
Cosas de la política.

Embrujos pasajeros, cantos de sirenas que atolondran a quienes pasan a los costados de sus escritorios. Ilusión pasajera de poderío que, cuando mucho, dura tres años. 

 Cuando mucho, gracias a Dios… o al chamuco.

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