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¿Qué pasaría?

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Se hacen muchos chistes, aunque desgraciadamente sí ocurre realmente y cada vez con más frecuencia, acerca de los embarazos entre las adolescentes, jovencitas de 16-17 años e incluso de menor edad, estigmatizadas por asistir a escuelas públicas, vivir en colonias populares, escuchar música de banda o reggaeton y salir o tener un novio que a lo más que aspira es a tener una pequeña motocicleta sacada en abonos de alguna mueblería y con suerte dedicarse al narcomenudeo más adelante y tener una fácil pero arriesgada fuente de ingresos.

Ese es el retrato, según los chistes y memes que circulan en redes sociales, de adolescentes que se embarazan, asisten por algunos meses más a la escuela para luego desaparecerse cuando nace el chamaco y renunciar definitivamente a la educación y buscarse un trabajo mal pagado mientras los padres, convertidos en abuelos jóvenes, resignados cuidan al nieto, mientras el padre, un mozalbete también con presente y futuro sombríos, casi siempre rehuye a su responsabilidad y se desaparece para no hacerle frente a su paternidad y al rato seguirá drogándose o emborrachándose con sus amigos a bordo de sus motocicletas Italika y embarazando tal vez a otra jovencita incauta; eso siempre y cuando no termine en la cárcel o muerto a tan corta edad.

Pero los embarazos no deseados entre adolescentes o personas muy jóvenes que aún no están casados y mucho menos tienen la vida resuelta, no es exclusivo de aquellos que les gusta el reggaeton y estudian en alguna escuela pública de mala fama. También resulta que alumnos de escuelas de paga salen con su domingo siete y se embarazan.

Y el asistir a una escuela privada, por lo menos en Tepa, no es necesariamente sinónimo de un buen poder adquisitivo y menos modales y educación. Ahí vemos padres que no tienen muchos recursos económicos pero prefieren gastar lo que no tienen para mandar a sus hijos a un colegio privado, como si de ahí mágicamente fueran a salir como personas exitosas, de bien para la comunidad y con el futuro resuelto, distinto y mejor al de los padres que prefirieron pasar carencias con tal de decir que sus descendientes estudiaron en el Colegio Fulano o Zutano.

Y los que estudian en la universidad también llegan a pasar por lo mismo y ahora el hecho de estar cursando una licenciatura no significa que vayan a terminar la carrera y enseguida obtengan un empleo donde les paguen de entrada 15, 20 mil pesos o más.

Y entonces universitarios, supuestamente más listos y maduros que los de preparatoria o secundaria que les gustaba escuchar reggaeton, también se ven sin saber qué hacer ante la llegada inesperada de un hijo producto de la calentura de una noche.

Y todo eso es porque simplemente, para la mayoría de los que habitamos este mundo, la llegada de un hijo implica todo un cambio de planes y de vida y aunque muchos no sepan cómo afrontarán la responsabilidad de un nuevo ser humano, casi nadie se atreve a solucionar por adelantado el problema y olvidarse de las penurias futuras, o sea, casi nadie se atreve a abortar.

Y quién sabe por qué muy pocas mujeres piensan en la interrupción del embarazo como la mejor opción a los problemas que se acaba de crear con un hijo por llegar. Pocas mujeres o pocas parejas se atreven a hablar abiertamente del tema y decir: no queremos problemas, mejor abortamos.

Si bien la religiosidad que todavía persiste sobre la humanidad es fundamental para que muy pocos, escasos quieran abortar un niño, lo cierto es que no todo mundo es creyente o bien le tiene sin cuidado lo que diga la religión pese a que provienen de una familia con creencias, pero aún así casi nadie quiere interrumpir su embarazo y se resigna a tener al niño, pese a no tener ninguna idea de cómo le harán para mantenerlo y de que muy probablemente ese nuevo ser les quite la oportunidad de una vida mejor.

En lo personal estoy en contra del aborto, pero me resulta curioso como casi todo mundo que tiene un embarazo inesperado, en automático decida tener el hijo sin conceder el hecho de que les trastornará la vida para siempre y muy probablemente para mal. Lo mejor mil veces en la prevención, pero nadie experimenta en cabeza ajena.

Y por lo anterior me pregunto qué pasaría si el aborto no tuviera una connotación tan negativa y nefasta, ¿eso cambiaría la perspectiva de las adolescentes y jóvenes que por error se embarazan? ¿Habría mejor calidad de vida y se acabaría la pobreza e ignorancia por no traer al mundo a personas que sólo traerán problemas y miseria para ellos mismos como a sus padres?

¿Si el aborto fuera legal, al alcance de todo el mundo y no penado ni mal visto por la iglesia y algunas autoridades, habría un mundo mejor? Los opositores a esta práctica aseguran que hay una vida, una persona, desde un instante después de la fecundación, ¿y si la ciencia demostrara que no es así?

Ahora se dice que hay más casos “feos” de los que no quisiera enterarse uno, como el aborto, la infidelidad, separaciones de parejas y divorcios, homosexualidad y no sé cuánto más, sin embargo todo eso ha existido siempre, desde tiempos bíblicos, simplemente en la actualidad se sabe más de ellos y aunque quizás se den más casos que hace 200, 300 o 1,000 años, es porque ahora somos muchos más que hace 200, 300 o 1,000 años.

Y respecto al aborto, lo mejor, más fácil y rápido es la prevención. Si no nos importa mucho lo que diga la iglesia, será mucho más fácil usar un preservativo o cualquier método de prevención de embarazo. Si somos temerosos de Dios y la religión nos prohibe usar los dispositivos ya mencionados, es preciso señalar que es mil veces preferible y menos pecaminoso prevenir una fecundación que abortar después o dar una vida miserable a un nuevo ser, además, nadie se va a ir al infierno por haber usado un condón en su vida, hay pecados mucho peores.


Lo ideal para muchos es llegar sin haber tenido relaciones sexuales hasta el matrimonio, pero es muy difícil, hay que ser padres santos y criar hijos santos y estar detrás de ellos prácticamente las 24 horas del día, lo que causará tensiones en la relación familiar y probablemente cause que el joven aproveche algún momento de ausencia de sus progenitores para dar rienda suelta a sus pasiones carnales con el primero que se le ponga en frente.

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