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Que se cuide Peña Nieto

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Se ha vuelto una tendencia, aunque más bien es cíclico, sucede cada 30 o 40 años, que gobiernos en Latinoamérica, son quitados por medios de las armas o sin ellas pero no amistosamente, para ponerse otra autoridad que asegura que sí va a gobernar bien, no como al que quitaron.

Y al rato otra vez lo mismo. No tenemos remedio, nunca nos hemos podido curar de ese mal que nos impide tener democracias sanas y civilizadas, aunque en México la verdad es que no ha pasado así, pues durante casi un siglo gobernó el PRI que mantuvo las cosas más o menos tranquilas y los panistas que entraron, no le quisieron mover ni hacer cacería de brujas con sus antecesores tricolores y ahí están tan amigos todos, que hasta asisten juntos al cumpleaños del “Jefe” Diego.

La cosa es que en Sudamérica ya van varios gobiernos y gobernadores que caen en la ignominia y son juzgados y ejecutados (en el correcto sentido de la palabra) por la oposición y están saliendo por la puerta de atrás o están a punto de hacerlo.

Ya sucedió en Argentina, está por suceder en Venezuela, Ecuador y Bolivia y en Brasil ya también les están tendiendo la cama a la actual presidenta y al que de plano ya se perjudicaron fue a su protegido y antecesor Lula de Silva, que está a un paso de ir a la cárcel o por lo menos ser repudiado públicamente y ni el gobierno actual va a lograr salvarlo.

Más cerca en Centroamérica, Guatemala de plano corrió a su presidente acusado de corrupto. Hasta las cadenas gringas de negocios en aquel país apoyaron dicha remoción permitiendo que sus trabajadores fueran a las marchas de protesta (para que nos demos una idea de quién en realidad hizo que corrieran al mandatario).

Y en México el peligro que corren Peña Nieto y sus colaboradores es que López Obrador gane las siguientes elecciones y decida actuar contra toda la “mafia” otrora en el poder. Aunque este señor es más lo que habla que lo que hace, pero en una de ésas sí cumple con todas sus amenazas y advertencias en caso de ser presidente.

Si la siguiente elección la ganara el PAN o el PRD, el priista Peña Nieto respiraría tranquilo y podría irse por ahí en paz. Estos partidos no harían nada contra sus antecesores en condiciones normales.

Y las condiciones normales serían que EPN siguiera gobernando los tres años que le quedan de la forma como lo ha hecho ahora, tirando de regular a mediocre, pero si comete alguna pendejada mayúscula en los próximos meses, se enojaría el pueblo ahora sí o gran parte de él y las siguientes autoridades no tendrían más remedio que atorarle y actuar contra los que se fueron.

La tiene más o menos fácil el actual gobierno federal para irse, si no con gloria tampoco con pena; los nuevos que entren, sean del mismo partido o del PAN o el PRD, no harían mucho para castigar a sus antecesores, pues está demostrado que en México ningún gobierno actúa contra otro gobierno, solo en casos excepcionales y si no vea usted acá en la presidencia municipal de Tepa si alguna vez se hizo algo contra algún ex funcionario.

Si no se hace nada contra los actuales funcionarios que hacen y deshacen desde las oficinas de la presidencia y brincándose al mismo presidente, menos se va a hacer contra los pasados. ¿En qué quedó, por ejemplo, el asunto de los panteones hace seis años? En nada. ¿Y lo de las transas en fraccionamientos irregulares de este año? Prefirieron correr al inspector incómodo que reportaba tales anomalías en vez de corregir el problema.

Así que bueno. Lo que nos ha diferenciado de Sudamérica es los enjuagues que entre políticos se han encubierto por años. Hoy por ti, mañana por mí.

Es más, creo que ni AMLO se atrevería a hacer algo contra la mafia en el poder, ¿o alguien hizo algo contra su Bejarano y Padierna? ¿O Fernández Noroña? ¿Por qué él sí habría de hacer algo si nadie ha hecho nada contra los suyos?

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