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Surge un lugar de devoción y piedad

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En tierras alteñas: La Madre Naty en La Tapona
  
Casi pasa desapercibido San José de las Flores, no por la distancia, sino por su sencillez y sobriedad; está muy cerca, un poco más allá de Zapotlanejo. Apenas escapa a la nube de la contaminación citadina, justamente donde el aire es limpio y bulle con entera libertad sobre un paraje bien austero, misteriosamente prometedor y sorprendente. La tierra parece no ofrecer más, no ser más, pero cada casa, sembrada al azahar en aquellas extensiones, lomeríos y cicatrices de la tierra, guarda y vive fuertes manifestaciones de vida. Hombres y mujeres que aman la tierra y casi mágicamente la hacen producir ricos frutos de bonanza.
  
Pero más que nada, una tierra donde se vive aún la fe, la devoción, la disponibilidad y la respuesta generosa a la propuesta de Jesús, por medio de su Iglesia parroquial, entregada a San José, cuya fiesta es el 18 de marzo. Llegando al caserío acogedor de callecitas cálidas y hospitalarias, el templo domina el paraje, muy delineado y limpio por fuera, dentro las dimensiones son adecuadas, pequeño pero cuidado y bello como un relicario, abastecido de luz y sencillez. Por ejemplo hoy, 7 de marzo, está de visita la imagen de la Virgen de Zapopan, como destello de gracia y hermosura, al centro la imagen de Cristo y a la derecha San José con el Niño Jesús en brazos, con sendas y resplandecientes coronas. En el costado izquierdo está la foto de La Madre Naty, todo aquello colmado de fragantes ofrendas de flores.
  
La fiesta

Precisamente ya está el programa de esos días tan especiales e intensos. Al frente de esta buena comunidad está el Señor Cura Francisco Rodríguez Salcedo, su vicario Pbro. Juan Pablo Ávalos Zúñiga y el diácono Daniel Edauco Hernández Serrano. Con ellos su E.C.B. y un pueblo emprendedor, que trabajan con mil sueños y grandes ilusiones.
  
El camino
  
Yendo más adelante sigue uno por los campos, si se les puede decir así, pues están vestidos de cuaresma, casi inhóspitos. Casas a buena distancia, pero cada una con sus corrales y gran movimiento de ganados, preponderantemente productor de leche, y uno pensaría “¿Cómo viven?” pues ese es el misterio donde la gente lucha, se sobrepone y transforma todo en mejor. 7 kilómetros a la derecha, en la raya, como le dicen, porque empieza la diócesis de San Juan, se ve una elevación que domina el paraje y el cuerpo de un templo moderno, aún sin terminar. Ya es el territorio denominado La Tapona.
  
Ahí todo evoca, todo significa. A metros de la construcción circular está un espacio rodeado de piedras enormes, de piedras nacidas, es lo que va restando de la casa de la Madre Naty. Una ermita, un altar rústico, los añosos y monacales palodulces, que guardan el jugo, que andando el tiempo se hará flores, y con las abejas, deliciosa miel. La piedra negra, sólida y pesada parece dar el perfil, el carácter de la gente. A la vista, un poco abajo, hay un brillante espejo de agua, y se comenta que es de donde acarreaba agua la Madre Naty para el hogar y allí mismo tomaba su baño.

Pues nada menos, este es el lugar, ésta la tierra, ésta la hermosa flor de santidad que aquí y en tales circunstancias ha nacido.
  
Santa María de Jesús Sacramentado Venegas aquí ha florecido y sus frutos han enriquecido a toda la Iglesia con su santidad. Y ya es una realidad, porque este templo, que es muy amplio, se abre a los llanos sin conocer límites en los días establecidos; martes, viernes y celebraciones especiales es insuficiente, el pueblo cristiano responde, aparentemente no hay una alma cerca, pero cuando se ofrece parece que todos los caminos conducen a este incipiente santuario. Acuden de Zapotlanejo, de Tecomatlán, que luce a la vista, de Capilla de Milpillas, de más lejos. Vienen muchos peregrinos.
  
La vicaría episcopal

Con sus cinco decanatos ha elegido esta devoción como algo propio, junto con San José Isabel Flores, sus reliquias y las de la Madre Naty, que harán recorrido este año de la Misericordia por todas las parroquias y comunidades de la citada Vicaría.  
  
Es bueno, es justo tener en cuenta que contamos con este gran ejemplo de santidad y que podemos estar cerca, seguir este camino a San José de las Flores que empieza dando vuelta al lado derecho, justo antes de bajar al Puente de Calderón, kilometro 150 de la carretera a Los Altos. Poco más allá está este lugar que Dios ha bendecido de esta manera tan generosa.


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