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El Señor

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Mucho cachondeo -diría el ex futbolista Hugo Sánchez- cada año en abril con la salida del Señor de la Misericordia a las calles de Tepatitlán, cada vez menos, pero todavía sale. Y es que se ha recomendado ya no pasear tanto a la imagen de madera porque ya tiene deterioro.

Que las sillas que se ponen con más de un día de anticipación en las banquetas y que afortunadamente la autoridad ya intervino en ese asunto y esperemos que así sea todos los años o por lo menos hasta que los que se sienten dueños de la calle ya no tengan ese feo vicio…

Que la basura que dejan los miles de fieles y fiesteros en la calle en estos días; que toda la gente que se junta para ver al Señor y el resto del año ni por equivocación se paran en su santuario; que por ver al Señor ya no queremos ir a trabajar ni ir a la escuela ni cumplir con ninguna otra obligación, como si la figura religiosa estuviera peregrinando toooodo el día por todas las calles de la ciudad, no, pero cómo nos gustan los pretextos.

El miércoles fue una multitud lo que hubo para ver pasar al Señor, multitud local junto con los que vinieron de Guadalajara en peregrinación. El jueves estuvo todo el día en la parroquia de San Francisco y ni quién lo pelara al Señor, estuvo prácticamente solo ahí, si acaso con un puñado de gente en las bancas que iba a verlo, no más que la que lo va a ver en su Santuario.

Ayer viernes también se juntó mucha raza para ver pasar al Señor, pero como recorrió más calles y éstas no eran precisamente las del centro, la gente se diluyó y distribuyó a lo largo de todas las vialidades.

Ya hoy sábado no serán muchos los que lo vayan a ver y a partir de la siguiente semana serán pocos, los habituales, los que estén cerca de él en el Santuario y ahí se acabó la devoción y gratitud que tenían miles de tepatitlenses por el Señor de la Misericordia.

¿Por qué no lo van a ver a su Santuario cualquier día del año y tienen que esperar a que salga a la calle para verlo pasar? Por ahí se escuchó decir a alguien que la visita a su templo es opcional -la Iglesia dice otra cosa, pero bueno-, pero cuando Él viene a visitarnos (o sea cuando sale a las calles) es nuestra obligación salir a recibirlo y verlo pasar…

Y también -esto lo digo yo-, cuando el Señor viene a visitarnos a las calles (yo no vivo en la calle, pero bueno, aunque casi), aparte de que es nuestra obligación verlo, aprovechamos también para que nos vean, que la sociedad se dé cuenta de que sí cumplimos y somos devotos, aunque el resto del año ni vayamos a misa y mucho menos vayamos al Santuario.

Además -también lo digo yo-, ¿quién nos va a ver si vamos al Santuario? Nadie, si acaso la gente de la tercera edad que siempre está ahí, que ni conocemos y que ni les importa si estamos ahí. El chiste es ser religiosos, devotos y cumplidos y además que todo mundo lo sepa.

Cuando muramos nos va a decir Jesús: Pues te diría que entres al paraíso, pero como nadie me está viendo y nadie se va a dar cuenta de lo que haga o no, mejor me evito la molestia y te digo que no, que aquí no entras.

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