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Hasta que el alcalde intervino

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 Alguien en la estructura del poder jugó esta semana al “maratón”, ese juego de mesa familiar y, en mi opinión, la ficha de la ignorancia avanzó más que ninguna otra.

 Resulta que desde la semana pasada corrió la versión de que la oficina del Centro de Apoyo al Desarrollo Rural (CADER) de la Sagarpa (oficina del gobierno federal que atiende a los productores del campo) cerraría su oficina en Tepa y la llevarían a Arandas.

 Así se confirmó el 31 de marzo cuando anunciaron que cerrarían el lugar y le anunciaron al rentero que “si les puede dar unos días para sacar el equipo de la oficina, sin cobrar”.

 Sabemos de buenas fuentes que nunca se ha caracterizado esa dependencia por ser buen pagador. Pero bueno, el pretexto del cambio fue el pago de las rentas.

 Luego de salir el tema en la prensa se movieron muchas piezas, muchos actores políticos, algunos con muy amplia influencia en el sector agropecuario de Tepatitlán.

 La semana comenzó con la incertidumbre no sólo para los productores que esperaban la ventanilla del “Procampo”. Sino para los colaboradores de esa oficina. Al cierre de edición de este periódico aún no se define, de manera formal cuándo dejan los locales donde operaban, cuándo llegan a su nueva sede y si aceptarán o no la propuesta del Gobierno de Tepatitlán.

 El cambio de oficina delegacional no tendría trascendencia si acaso no fuera el municipio de Tepatitlán quien contabiliza la mayor cantidad de productores del campo registrados, no sólo en la Asociación Ganadera, sino ante la misma Sagarpa. Por eso llamó la atención que el Delegado Javier Guizar se atreviera a mandar a sus achichincles para cambiar la sede alteña.

 Las piezas políticas se movieron para ejercer presión, unos para llevarse la oficina a Arandas, otros para dejarla en Tepa, pero nadie ofreció soluciones, ni dinero para pagar la renta ni oficinas para regalarlas a la menesterosa Sagarpa.

 Debió intervenir el alcalde Hugo Bravo para poner orden, bajar la alharaca del cambio de sede de Sagarpa y ofrecer un espacio en la Unidad Administrativa Central Camionera. 

 Con una “simple” decisión del alcalde se acabó la presión política. Con voluntad, el alcalde apagó los deseos partidistas de hacer valer supuestos liderazgos.

 “Aquí se quedan. De ninguna manera se van de Tepa”, habría dicho el alcalde Bravo. Y punto. Aquí se quedará la oficina que entrega al año más de 280 millones de pesos en subsidios, pero que no puede pagar una renta miserable, que anda mendigando quién le ayuda con la luz, el teléfono y la renta…

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