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Ánimos

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Vaya con el tema de los matrimonios homosexuales, cada vez que una instancia pública lo trae a flote, se encienden los ánimos de uno y otro lado.

La verdad no se entiende por qué los homosexuales habrían de querer casarse si la ley se los permitiera cuando muchos heterosexuales ya no quieren unirse legalmente y si lo hacen, muchas veces se separan o se divorcian, ¿por qué los gays sí durarían en un matrimonio? ¿Por qué insistir en que se casen si muchos de ellos ya viven en pareja desde hace mucho?

La legalización de este tipo de uniones, ahora propuesta por el mismo presidente Peña Nieto, sólo tiene razones electorales, es una bandera más que el priismo le quita a la izquierda, así como le quitó la otra de la legalización de la marihuana.

Es una buena jugada de la presidencia de la república, una buena lectura que hizo por ahí alguno de sus operadores políticos, pues se deja sin argumentos no solamente a la izquierda dizque progresista del PRD, sino que se exhibe al otro supuesto izquierdista de López Obrador y su Morena.

Y es que AMLO, pese a que muchos de sus seguidores (no todos, ni siquiera la mayoría) están con él por pensar que abraza todas las causas izquierdistas y “progres”, la realidad es que no es así; Andrés Manuel es un hombre más bien conservador, que cuando le convino estuvo en el PRI, luego en el PRD y ahora en su propio partido, proyecta una imagen, más bien cercana a las causas del pueblo, que no necesariamente la izquierda, aunque se confundan y sean muy parecidas.

La cosa es que López Obrador nunca ha estado de acuerdo o por lo menos no apoya el aborto, las uniones homosexuales ni nada de esas cosas; decirlo públicamente le restaría seguidores y lo sabe, pero tampoco puede decir lo contrario o se enoja su cuate el cardenal Norberto Rivera.

Y es ahí donde lo está agarrando el gobierno federal con esa ambivalencia sobre las uniones gay y las drogas a AMLO.

Peña Nieto no tiene nada qué perder apoyando o autorizando esas cosas y sí algo que ganar, no mucho, pero sí contribuye a contrarrestar ese “mal humor social”, como le llama él, de algunos. La Iglesia no está de acuerdo con esto pero tampoco hará mucho alboroto, por lo menos no al gobierno federal priista.

Y es que, en mi opinión la prohibición del matrimonio gay no hará que disminuyan las personas que les gustan aquellos de su mismo sexo y la legalización de estas uniones tampoco hará que aumenten, no le veo gran problema.

Y si la Iglesia se opone, pues no es su competencia las uniones civiles, así que para qué tanto brinco…

Acá, la única ventaja que veo, fuera del valor político que tenga para esto el PRI, es que las personas que estén unidas a otras de su mismo sexo podrán acceder a derechos y prestaciones de las que ya gozamos el resto de los pobladores.

Y es que las instituciones públicas no reconocen como beneficiarios a alguien que depende económicamente y sentimentalmente de uno de su mismo sexo. El IMSS, por ejemplo, reconoce como beneficiaria a la esposa o concubina de un hombre o viceversa; lo mismo pasa con aquellos que vienen del extranjero, que el gobierno sólo otorga la nacionalidad al dependiente hombre de una mujer o dependiente mujer de un hombre y los hijos de ambos.

Entonces ahí sí se haría un poco de justicia en el caso de los homosexuales, si están mal ante la Iglesia o ante Dios, pues eso se sabrá a la hora del juicio final, pero mientras la tarea que tenemos como humanos en esta tierra y para con nuestros semejantes hay que cumplirla.

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1 comentarios

  1. TU MISMO TE CONTESTAS LA PREGUNTA DE "PORQUE LA INSISTENCIA DE CASARSE DE LOS HOMOSEXUALES"

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