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La anciana que hacía mucho bien

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

-Ya no sirvo para nada -decía una anciana a su párroco-. El señor me alarga la vida; pero no sé para qué, ya no puedo hace ningún bien. 

-Usted está haciendo mucho bien, -le dijo él- pues me ayuda cada domingo a predicar el sermón. 

-¿Cómo? -Interrumpió la ancianita-. 

-En primer lugar -declaró éste- usted está siempre la primera en su asiento de la iglesia y esto me ayuda. En segundo lugar, está muy atenta mirándome en la cara y ello me ayuda también. En tercer lugar, veo a menudo lágrimas deslizarse por sus mejillas, y esto me ayuda más que todo... 

Pide en la oración cómo puedes dar testimonio de El hoy, en lo cotidiano y con lo que tienes.

Cuántas personas con su sola presencia están brindando una gran ayuda no solo en el templo, sino también acompañando a los enfermos que en su soledad añoran tener a alguien que comparta sus largas horas de sufrimiento.

Hay también personas ancianas que ya no pueden salir a la calle y cuando llega alguien a acompañarlos aunque no les diga nada, se llenan de alegría.


En nuestra vida busquemos momentos de generosidad acompañando a otras personas en su soledad para que les hagamos más placentera su existencia, pues al final de nuestra vida Dios nos dirá “Gracias por tu compañía, por no dejarme solo en la persona de los demás”.

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