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La bondadosa araña

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Un muchachito de siete años se fue caminando por el monte de aquel lado de allá y se perdió. Llegó la noche fría y lluviosa, y no regresaba. Los hombres salieron en su busca. También volvieron sin él. Al día siguiente, de mañanita, recé una oración y fui a intentar de nuevo. Salí confiando en aquel pasaje del evangelio: ¨El que pide, recibe¨. 

Continuaban el frío y la llovizna, pero yo seguía firme mojándome la ropa la llovizna de la madrugada. Parecía que Dios me estaba guiando. En un descampado, allá el frente, divisé un pequeño bulto acostado y encogido en el sueño. Era el niño. ¿Estaría vivo? ¿Estaría muerto? Me acerqué. Una enorme tela de araña se extendía sobre él, como si fuera un tejado; su cuerpecito estaba seco, sin humedad, aunque frío. 

Oí un pequeño gemido: Estaba vivo. Retiré aquella cubierta improvisada, hecha durante la noche por la bondadosa araña (o por la mano de Dios). Lo tomé en brazos y regresé. La gente del poblado esperaba las noticias con ansiedad. Un baño caliente lo reanimó. Hoy día, es un muchacho fuerte. La Providencia divina había protegido al niño mientras llegaba el socorro.

Para una persona que no tiene fe esto podrá parecerle una casualidad, pero para quienes sí tenemos fe es una muestra de que Dios sí existe y nos cuida para que podamos quedar libres de los peligros, especialmente cuando se trata de un niño indefenso.

Podríamos preguntarnos ¿por qué hay tantas mamás y papás que no protegen a sus hijos cuando todavía no nacen, sino que los asesinan en el vientre materno?

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