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La providencia de Dios

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Por el padre Miguel Ángel
padre.miguel.angel@hotmail.com

Licha estaba muy preocupada. Tenía muchos hijos y se anunciaba otro más. ¿Cómo iba a criar tantos? él estaba enojado, pero por otras razones: ¿Cómo dividir la herencia entre tantos hijos, todos varones? 

Nació el niño. Un varoncito más. La madre perdió la cabeza; llevó al niño a la plaza pública y lo dejó por allí para que lo cuidara quien lo quisiera. Pero, madre al fin, no resistió los remordimientos y volvió a buscar a su hijo. Lo bautizaron con el nombre de Pedro. 

Pedrito nació con la cruz a cuestas. Perdió a sus padres en su primera infancia y fue educado por sus hermanos. Uno de ellos lo maltrataba mucho; otro, de nombre Damián era mas comprensivo. Le dio alimentos y estudio. El muchacho creció y se hizo profesor. 

En señal de agradecimiento, Pedro añadió el nombre del hermano al suyo, así que empezó a llamarse Pedro Damián. Mas tarde se ordenó sacerdote. Fue obispo y cardenal, rechazando siempre estas dignidades. 

Para aceptar el título de cardenal, fue necesario que oyese algunas amenazas del Papa, fue un hombre austero. Fustigó las lacras de su tiempo y atacó los abusos y desviaciones de la Iglesia. Viajó mucho para restablecer la paz. 

El niño abandonado de otro tiempo, murió a los ochenta y tres años, cuando regresaba de una misión de paz. Dios tiene sus caminos misteriosos. Pide hoy encontrar tu misión, Dios te llama y hacer su voluntad siempre.


La providencia de Dios siempre nos trae muy gratas sorpresas, pues quién iba a pensar que aquél niño que pudo hasta morir siendo pequeño llegar a formar parte de los que eligen a un nuevo Papa, pero así son los caminos misteriosos de Dios. Sigamos pidiendo santos y numerosas vocaciones.

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