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Bellas estampas de historia en Santa Ana de Guadalupe

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Memorias de J. Jesús Alvarez Romo

Por Oscar Maldonado Villalpando  
  
El tiempo vuela, en aquellos años 1959, cuando los pueblos de los Altos, como La Cailla, Jalostotitlán, Tepatitlán, Atotonilco y demás, aportaban una gran cantidad de alumnos al Seminario de Guadalajara, en esos contingentes iba un joven del rancho de Santo Toribio, Santa Ana de Guadalupe, J. Jesús Álvarez Romo. Con el tiempo, dejó el Seminario, pero le quedaron tantas inquietudes. Una de ellas fue seguir investigaciones de la Cristera, tuvo oportunidad de platicar con cristeros sobrevivientes, que los había hasta el año 2000 numerosos. Hizo entrevistas, hizo escritos. Y además nos ha acercado a este testimonio musical de Santa Ana de Guadalupe.

Los cantantes eran Jesús Jiménez González, quien canta la canción completa, y dice también, que Jesús y su hermano Rafael formaban un dueto magnífico. Eran  solicitados  para cantar cantos religiosos  en la capilla de Santa Ana, cuando venía de Guadalajara el señor Cura Román Romo, hermano de Santo Toribio, durante las misas.

Rafael decía que ni en tres días acababa de cantar las canciones que sabía. Una vez que invitaron a Jesús a Puerto Vallarta, su sobrino Alfredo Jiménez Martín, de regreso le dijo, que se soltara a cantar y así lo hizo de Puerto Vallarta a Jalostotiltán. 8 horas de canciones.

Muchas de esas canciones eran muy antiguas, desconocidas en su mayor parte, se remontan a 1920. Este era un gran dueto, pero había más en Santa Ana, cantaban líricamente. Eran de hombres y mujeres. Fermín y Guadalupe Martín, Las Cuatas, Lupe y Cuca Romo. Había duetos de muchachas con diferentes timbres de voz.

Además en Santa Ana había buenos bailadores, bailaban el Jarabe Tapatío, El Caballito Alazán, El Palomo y otros bailables.

¿Dónde los ojos que vieron tales cosas, dónde el alma que así apreciaba esas tales cosas y santos lugares?

Cómo duele el tiempo en los corazones, cómo hiere el alma, ¡Dios sea bendecido porque así es la vida! Gracias don Jesús Álvarez Romo por guardar papeles y espigar recuerdos, gracias, muchas gracias.
  
La composición es, dice J. Jesús, del inspirado poeta de Santa Ana Ángel González.
  
A MI RANCHITO
  
Santa Ana, mi tierra, ¡ranchito querido!
por más que esté lejos, me acuerdo de ti.
Tu suelo bendito donde yo he nacido
no puedo olvidarlo, siempre vive en mí.
  
Recuerdos muy hondos de penas y amores,
los llevo en mi alma, los veo sin cesar,
laceran mi vida, espinas y flores,
los tiempos aquellos que no volverán.
  
Añoro tus lomas y alegres cerritos,
tus presas azules, tus altos peñones,
en donde retúmban alegres los gritos
y anidan sus ecos las tristes canciones.
  
Tus huertas verdosas se duermen tranquilas,
tus bravos arroyos abrazan el templo;
tus blancas palomas que en lo alto se anidan,
en mágicos vuelos pululan al viento.
  
Alla en el Quelite, se ven cebollales,
sus cercos de piedra enlaza el Caquiste;
el agua tranquila de sus manantiales,
llorando se arrastra muy tímida y triste.
  
La Ceja en follaje y austera se antoja,
a huír en sus sombras, veredas calladas,
trepar hasta donde el aroma provoca
al hurto de frescas y ajenas guayabas.
  
La Poza se esconde detrás de la loma,
los sauces arrullan a tiernos polluelos;
por entre las jaras el novio se asoma
y dice a su amada sus tiernos anhelos.
  
Pastan los ganados en Los Potreritos,
soberbios los toros con roncos bramidos,
buscan sus rivales en El Potrerito,
donde los guardianes les pegan silbidos.
  
En Santa Ana arriba, crecen mezquitales,
donde dormitan pastrueños los asnos.
Como olas doradas se ven los trigales
y aroman los aires la flor de duraznos.
  
Y, allí una casita, ya casi en escombros,
sepulta el recuerdo de tiempos pasados.
La mártir silueta que lleva en sus hombros,
la cruz del martirio en sus labios callados.
  
Añoro tu ausencia que me hace llorar
por tantos recuerdos que llevo prendidos;
por eso Santa Ana, te he de venerar;
te lloro y te canto, ranchito querido.
  
Dice don Jesús Álvarez, que estos últimos cuatro versos los compuso Jesús Jiménez González.

Así guarda don Jesús, como su paisano, el P. Chayo, valiosos y entrañables recuerdos de su tierra, que es nuestra, Los Altos de Jalisco.

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